jueves, 3 de febrero de 2011

¡Necesito una nana! ¿Qué hago?

Una vez resuelta la disyuntiva de tener o no una nana y, decidiéndonos por tener una, entramos al lento e –increíblemente – angustiante proceso de elegir una nana. Conseguir una buena nana no es cosa fácil. Hay muchas chicas que quieren trabajar como nanas atraídas por los altos sueldos pero que carecen de experiencia y roce. Por otro lado, las nanas con experiencia y debidamente acreditadas quieren ganar unos sueldos de lujo (¡más que una oficinista!) y no quieren trabajar cama adentro. Aquellas que sí quieren trabajar cama adentro, no cobran tanto pero son una especie en extinción, y están tan pedidas que en las agencias (las top) hay lista de espera para conseguir una. La espera puede durar hasta 5 semanas.

Eso no es todo, el proceso se ha vuelto bastante sofisticado y profesional. Hay agencias especializadas que capacitan a las chicas y cobran comisiones altísimas. En estas agencias, uno ve el perfil de varias postulantes con sus respectivos currículos que incluyen: cartas de recomendación, certificado de estudios, certificados de notas (incluso del colegio), exámenes médicos (incluyendo análisis clínicos) y perfil psicológico, además de incluir el certificado de antecedentes penales. Todas las agencias ofrecen garantía, se puede cambiar de nana –en caso algo no funcione - en un plazo de hasta 6 meses.

Una vez que la agencia tiene candidatas que cumplen con los requisitos solicitados por las mamás - algunas agencias piden un perfil de familia para garantizar un mejor match – empiezan las entrevistas. Empiezan a desfilar una a una, todas las chicas. Responden las típicas preguntas, algunas con soltura y otras no tanto. El proceso de selección puede ser largo y doloroso. Tengo una amiga que entrevistó a 20 nanas y no eligió a ninguna, finalmente se decidió por una que conoció en un parque (un excelente lugar para “robar” nanas ya que las puedes ver en acción).

Pero, el proceso de selección no tiene que ser necesariamente tan difícil. El problema son las exigencias que nosotras –las neuro-mamás- ponemos. Unos requisitos que ya quisiera la oficina de admisiones de Harvard: que tenga buena presencia, que sea pulquérrima; que sea menor de 30 años pero mayor de 28, que sea mayor de 35 pero menor de 40; que tenga hijos, que no tenga hijos, que sea casada, que sea soltera; que sea flaca para que tenga energía y corra de tras de mi bebe, que sea alta porque mis hijos son grandes, que sea baja para que este a la altura de los niños; que sea divertida (¿?); que sea de provincia, que sea de Lima… en fin.

Si bien a algunos estos requisitos pueden sonar tontos, lo cierto es que para las mamás todos tienen una base psicológica y emocional importante. Y cuando se trata de elegir, lo mejor es NO desesperarse (aunque suene a misión imposible), tener claro lo que uno quiere y guiarse por la intuición. En mi caso es lo que mejor me ha funcionado, y no he entrevistado más que a 3 personas.

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