lunes, 3 de septiembre de 2012

¡Las mujeres trabajamos más!

Definitivamente las mujeres trabajamos más (y me refiero a más que los hombres). Eso es algo que en verdad siempre supe. Pero, ayer me quedó más claro que nunca cuando, decidí darme una “escapada” para hacer algo por mí: deporte (natación específicamente). Con poca chamba pendiente, decidí que podía salir. Pero, para variar, me atrasé un poco y salí con los minutos contados. Cuando llegué a la piscina tenía solo 30 minutos para nadar, alistarme y cambiarme para recoger a mis hijos del nido. Dentro del gimnasio, me encontré con un par de amigos de mi esposo que caminaban tranquilos en las caminadoras. 

Yo por mi lado nadé hecho una bala. Salí sin aliento y con el corazón a mil, corrí al camarín y en el camino me resbalé y me golpeé. Me dolió, pero no tuve tiempo para sobarme. Me bañé batiendo un record  mundial, y salí de nuevo corriendo para llegar corriendo al nido e ir corriendo a mi casa para almorzar, nuevamente, corriendo.

Saliendo del camarín, volví a ver a los amigos de mi esposo - que tienen hijos pequeños, uno de ellos un bebé menor que la mía - conversando y tomando tranquilamente unos refrescos en la cafetería. Mientras, por otro lado vi a una chica, que haciendo un uso del tiempo más eficiente que el mío, había logrado nadar y cambiarse en 15 minutos (¡lo sé, increíble!) y le daba la mano a uno de sus hijos, y cargaba a su otra hija (la habían estado esperando mientras nadaba) y salían a toda velocidad mientras le daba instrucciones a la nana que los acompañaba.
Los amigos de mi esposo, seguían como si nada. En ese momento, sentí un poco de envidia. Ahí, estaban ellos de los más tranquilos sin preocuparse de nada más que sus rutinas, sus cosas. Tan tranquilos, confiados que sus mujeres estaban lidiando con los hijos y todos los demás quehaceres domésticos. Sin preocuparse por el almuerzo de nadie que no fuera ellos mismos y sin ninguna culpa por estar ahí y no en su casa pasando tiempo de calidad con los hijos. Fue ahí, cuando caí en cuenta que definitivamente las mujeres trabajamos más, mucho más. Y, más aun las que sufrimos de neurosis aguda, como yo.
Dos chicas en bikini tachadas son el signo de no. Porque las mujeres no pueden divertirse igual que los hombres
¡Prohibido divertirse y verse bien!
Mi rutina, y la de todas mis amigas y conocidas con hijos, es muy similar: levantarse alrededor de las 6:00 a.m. y no parar hasta las 8:30 p.m, hora en la que -con suerte - ya todos están dormidos y tienes algo de tiempo para relajarte y hacer lo que te gusta. Porque, aunque tu esposo sea un modelo de padre abnegado, el 95% de la chamba de los hijos y la casa siempre va a recaer en ti y no hay nada que puedas hacer por evitarlo. La distribución de tareas domésticas nos antecede muchos años atrás en la historia cultural de la humanidad y –salvo en casos muy aislados – el niño va a preferir siempre a su madre y, en la medida de lo posible, va a querer que sea sólo ella, la que supla todas sus necesidades afectivas y biológicas.

Y, óyelo bien esto es algo muy positivo, ¡sí! aunque tú sientas que ya no tienes pulmones y no puedes más. Siéntete bien porque significa que has generado un vínculo muy estrecho con tu hij@ y su futuro emocional (sólo el emocional porque del económico no podemos decir nada) está garantizado. Lamentablemente, no podemos garantizar tú salud física ni mental, pero sí la de tu marido que va a poder ir al gimnasio sin ningún sentimiento de culpa, va a poder trabajar tranquilo sintiéndose el mejor padre del mundo mientras tú haces malabares para poder cumplir diligentemente con todas tus responsabilidades.   
Y, es que como dije antes (clic acá) la sociedad exige mucho a las mujeres de hoy, porque además de tener que ser excelentes madres, debemos tener también una carrera promisoria, y encima, un cuerpo de infarto.  Y como también lo mencioné en este blog, no se puede tener todo y lamentablemente para mí – y creo que para muchas neuro_mamás también – ceder el cuidado de los hijos a otra persona NO es una alternativa. Así, que nuevamente tengo que decidir que dejo de hacer para no morir en el intento, y esta vez le tocó el turno al cuerpo sexi del verano. Bye, bye ser regia este verano, adiós bikini, sé que nos volveremos a ver. ¡¡¡Lo juro!!! 
 

1 comentario:

  1. Yo creo que los esposos cada vez van a aportar más... y son tan responsables como nosotras por la salud mental y la seguridad de los niños... y con las tareas domésticas, lo que me sorprende más es que muchas veces somos nosotras mismas las que no les damos el chance de ayudar, cuando ellos inclusive disfrutarían de tareas como hacer el menu semanal y las compras en wong...

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