miércoles, 10 de octubre de 2012

Las fiestas infantiles parte 2: La fiesta de mi hijo

En uno de mis últimos posts #las fiestas infantiles#, me quejo sobre la competitividad que generan – entre las madres – las fiestas de los niños. Bueno, quizás no me queje del todo, pero definitivamente sí comparto mi extrañeza por el hecho que las fiestas han dejado de lado la sencillez a la que mi generación estaba acostumbrada: chizitos, canchita, gelatina y con suerte un payaso, y privilegian la fastuosidad. Hoy en día, la sofisticación de las madres limeñas (porque, según veo es un fenómeno exclusivo de Lima) ha creado toda una industria en la que se deben mover varios millones de soles al año.

Las invitaciones, toman casi tan tiempo de elaboración como los partes de matrimonio, y en muchas ocasiones son incluso más ingeniosas que los mejores productos de merchandising de las grandes corporaciones. A mi casa han llegado invitaciones que eran CDs con música moderna para niños y grandes con el nombre y foto de la cumpleañera cuál estrella de rock, DVDs con la película del tema del cumpleaños, un cofre pirata con monedas de chocolate, tarjetas interactivas y varias tarjetas tipo magnetos para la refrigeradora. Por otro lado, ya en la fiesta los toldos imitan castillos de princesas que le darían envidia a la propia Cenicienta; y para los niños estos reproducen espacios de súper héroes que ni a los ejecutivos top de Marvel se les hubiera ocurrido.

Con tanto despliegue de magia y producción es difícil no contagiarse y querer también ser protagonista de una fiesta apoteósica.  Así, que yo también fui “víctima” de la millonaria industria de las fiestas infantiles y celebré la fiesta de mi hijo con la intención de dejar la magia de Disney como un chancay de a veinte. Y si bien fue una inversión considerable (llamémoslo inversión, porque no es un gasto cuando se trata de nuestros hijos ;) ) valió la pena cada centavo.

Valió la pena, no sólo porque tuve la fiesta que cuando niña siempre soñé y nunca tuve (los padres de mi generación no eran tan dados al gasto), sino –y sobre todo-porque mi hijo, el dueño del santo, estuvo FELIZ. Estaba fascinado viendo a Spiderman, Doki, el Show de los Muppets, La era del Hielo; fascinado por encontrarse con todos sus amiguitos. Además, no sólo disfrutó él, sino también mi hijita menor, mi esposo, todos mis invitados y por supuesto, yo.

No se puede negar que hacer una fiesta de este estilo es bastante superfluo, y muchas veces los niños son igual de felices con algo menos elaborado. Pero, lo cierto es que si bien estas fiestas las hacemos principalmente pensando en nuestros niños, las mamás disfrutamos tanto el proceso y la organización y las hacemos con tanta ilusión que, si podemos darnos el gusto, realmente ¿por qué no?