miércoles, 27 de febrero de 2013

¡Dejen mi panza en paz!

No sé si esto ya lo saben pero,  estoy embarazada de nuevo. Este es mi tercer embarazo y me agarra ya bastante conocedora de las vicisitudes del tema. Ya sé lo que es tener una panza y  tener que cargarla por todos lados. Sé también que junto con la panza vienen consejos no solicitados, preguntas impertinentes y hasta órdenes insolentes.  Ya estoy acostumbrada a llevar panzas grandes, a que todo el mundo me alucine con el tamaño de mi panza, e incluso estoy acostumbrada a que me pregunten una y otra vez (tanto amigos como extraños) para cuándo es, qué sexo es  y cómo se va a llamar.

A lo que no estoy acostumbrada y creo que jamás estaré (así esté llevando mi panza número 9) es y será a comentarios tipo: “pero estás segura que sólo hay uno ahí”,  o “¡wow! ahorita explotas”, o peor aún, los comentarios buena gente del tipo “pero, tú ¿no deberías usar una faja?” Ó, “¿no deberías estar descansando? Cargas mucho peso”.  Tampoco me puedo acostumbrar a que la gente agarre mi panza como si fuera la panza de buda y me la soben y soben, como si les fuera a caer plata. ¿Acaso piensan qué como hay otro ser humano dentro, esa panza ya es de dominio público? O sea, ¿pueden invadir mi espacio personal porque llevo un bebé dentro?

Pero, de todas estas cosas a las que no me acostumbro la que más me llega de todas, la que menos tolero  son los comentarios/ consejos con sentido moralizador, esos comentarios que más que nada son críticas y solo buscan juzgar tu buen juicio. Comentarios tipo: “¿Tú puedes tomar Coca-Cola? Pensé que las embarazadas no debían tomar gaseosa” o, “¿Al Starbucks? Tú, de lejitos” o, este que es el peor de todos que me lo dijo la mamá de un compañerito del nido de mi hijo: “Me encanta tu look ahora que estás embarazada, pero para nada me gusta que estés con una copa de vino. Para nada”. ¿Disculpa? ¿Acaso yo te digo algo sobre tu look de gaucha arrabalera? ¿Te digo algo sobre tus dientes llenos de nicotina?

Si me estoy tomando una copa de vino es porque sé que lo puedo hacer sin poner en riesgo a mi bebé, si me tomo una Coca-Cola y un café también es porque sé que no pasa nada si lo hago moderadamente. ¿Acaso porque estoy embarazada no me puedo dar un gustito?  Y, por último a ti ¿qué te importa? He parido ya, dos niños sanos y fuertes con los mismos cuidados. He cargado peso, no he usado faja y al final de cada embarazo he recuperado mi figura tranquila, así que déjenme llevar mi embrazo tranquila y relajada que más daño que el vino, el café o la torta de chocolate que me pueda comer, más daño le hace al bebé que su mamá esté alterada por comentarios impertinentes de gente metiche.

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