miércoles, 13 de marzo de 2013

No puedo más. ¿Estaré preparada para esto?


La primera vez que pensé esto mi pequeño tenía casi 2 meses. Eran las 3:00 a.m. y no quería dormir después de haber lactado por casi una hora. Yo estaba agotada tenía más de 6 semanas cambiando un promedio de 8 pañales diarios, dando de lactar cada 4 horas (las 24 horas), y sin poder dormir por más de 3 horas seguidas. Lo único que quería era que se durmiera, o se quedara quieto en su cuna sin hacer ruido para yo poder dormir unas 3 horas más antes que se levante chillando por su nueva toma de leche. Cuando estaba al borde del colapso apareció mi esposo y luego de ver mi cara de desesperación me mandó a dormir. Me fui a dormir sintiéndome pésima por no haber tenido más paciencia. Sabía que me faltaban muchas malas noches más y tenía que adquirir técnicas para dominar mi agotamiento. No era culpa del bebé tener que lactar cada 4 horas (claro que tampoco era mía). Finalmente, el sentimiento de culpa cedió y me dormí con un nudo en la garganta. Nada ni nadie me había preparado para esa sensación de desesperación causada por mi hijo.

Hace un tiempo leí en algún lugar que los padres no están preparados para enfrentar sentimientos de ira, vergüenza y dolor frente a las acciones de sus hijos. Desde que el bebé es un proyecto y está en la barriga, los padres fantasean con momentos agradables y divertidos, nunca con momentos en que sus hijos los puedan sacar de quicio, frustrar y menos aún avergonzar.  Es cierto, jamás me imaginé que mi pequeño a su tan corta edad pudiera hacerme sentir tan frustrada e iracunda. La primera vez que lo sentí (a las 3:00 a.m., luego de unas semanas extenuantes) me sentí muy mal.

Los años han ido pasando y los retos son cada vez más grandes. No es lo mismo lidiar con un recién nacido que lidiar con un niño de casi 4 años, y mucho menos con un adolescente (falta mucho para mí, ¡felizmente!)  He logrado (hasta cierto punto) dominar ese sentimiento de culpa causado por la ira, vergüenza o dolor frente a las acciones de mis hijos, aunque claro no es nada fácil, más aún si consideramos que en todas nuestras fantasías maternales nos imaginamos disfrutando de las compañía de nuestros hijos, pasando ratos agradables en familia, divirtiéndonos y gozándolos.

Creo que en verdad, una nunca está 100% preparada para la maternidad. Sea esta buscada o sorpresiva hay muchos factores de por medio que hacen de la crianza de los hijos un reto diario. Es normal sentirse, en algunas ocasiones, no preparada y constantemente acechada por la pregunta: ¿lo estaré haciendo bien?

En mi opinión, lo importante es hacer lo mejor que una puede. En algunas ocasiones me sentiré más preparada que en otras, más capacitada que en otras para enfrentar los retos de la crianza pero en todas, siempre en todas, sé que estoy haciendo lo mejor que puedo y aunque quizá dude un poco, siempre tendré la certeza que lo estoy haciendo, eso sí, con todo mi amor.

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