sábado, 4 de mayo de 2013

Mi cuerpo, es ¿mío?


Como parte de nuestra paternidad responsable mi esposo y yo decidimos que era el momento de cerrar la fábrica. Tres hijos en poco más de cinco años de matrimonio, si bien es lo mejor que nos ha pasado es demoledor física, emocional y económicamente. Ha sido una seguidilla de: embarazos, partos, puerperios, lactancias y nuevos embarazos. Así, que decididos a brindar calidad de vida, tiempo y etc. a los hijos que ya tenemos, empezamos nuestra búsqueda por el método anticonceptivo que fuese más seguro, rápido  y adecuado a nuestras necesidades.

Luego de mucho conversar y considerando sobre todo mi salud (3 cesáreas y un útero cuarteado)  decidí que lo mejor para mí, era no ponerme en más riesgo y ligarme las trompas. Por otro lado, mi esposo decidió que cómo yo soy bastante menor, él se haría una vasectomía – la que además es reversible - por si en un futuro muy lejano nos animamos por más hijos. Puesto que los dos estábamos dispuestos a intervenirnos, decidimos investigar un poco más. Así, fui a mi siguiente cita con la ginecóloga y le comenté mi deseo de ligarme las trompas. Ella muy profesional, me entregó un documento en el que tanto yo como mi esposo declarábamos estar de acuerdo con la intervención a la que me iba a someter. Para que éste tuviera validez y la doctora pudiera llevar a cabo el procedimiento, ambas firmas debían estar legalizadas (mediante notario público). 

Entendí claramente el porqué de mi autorización expresa y certificada (evitar los excesos que se cometieron en el pasado). Hasta ahí, todo bien. El tema surgió cuando me di cuenta que sólo con mi firma legalizada no bastaba: el documento no tenía ninguna validez sin la firma legalizada de mi cónyuge. Necesitaba la autorización expresa de mi esposo para poder acceder a un método anticonceptivo definitivo. Sin su firma, no podría hacer nada.

Todavía sigo en shock. Al parecer en la legislación peruana, las mujeres casadas no tenemos la madurez/inteligencia/lo que fuere suficiente para decidir solas si queremos o no, tener más hijos. Nuestro cónyuge debe aprobar todas las decisiones que se tomen con respecto a nuestro útero, es como si el útero fuera un activo en la sociedad de gananciales (¿debería cobrar por los servicios prestados?). Mi deber como mujer es procrear y no le puedo quitar ese privilegio a mi esposo sin su consentimiento, y si soy piña y mi esposo piensa – como muchos hombres peruanos- que me quiero ligar para poder “sacarle la vuelta” libremente, estoy frita. Sin embargo, si él decide hacerse la vasectomía y privarme de la posibilidad de ser madre no hay ningún trámite de por medio. Va, saca su cita, paga y listo. Ahí YO, el Estado y seguro hasta la Iglesia no tienen nada que hacer. Pero, por otro lado para que yo (que soy la que pone en riesgo su salud) pueda acceder a un método anticonceptivo definitivo, ahí sí todos tienen algo que opinar: mi cónyuge, el Estado y por supuesto la Iglesia.

Sé que hay un argumento legal detrás de esta disposición, pero honestamente no lo entiendo. Si se trata de defender el bien común: la familia; debería ser por ambos lados, ¿no? En mi opinión, esta medida es totalmente contraproducente e incoherente. Sobre todo, en un país donde aún el machismo es muy fuerte y somos pocas las que tenemos esposos comprensivos. Por otro lado, me sorprende que grupos feministas no hayan alzado su voz de protesta, quizá es porque no están al tanto de esta medida que no responde al lema feminista que tanto me gusta: Mi cuerpo es mío, ni del Estado ni de la Iglesia (y pondría yo acá: ni de mi marido!). Pero, lamentablemente en el Perú de hoy, mi cuerpo (léase: aparato reproductor) es mío, de mi esposo, del Estado, de la Iglesia y fácil de alguien más que en cualquier momento saldrá a reclamármelo.

2 comentarios:

  1. No es necesaria la autorización de tu esposo, preguntale a tu medico por que te pidio esa autorización firmada por tu esposo. Los dos son iguales ante la ley. Y tu tienes el derecho y la libertad a tu integridad fisica.

    ResponderEliminar
  2. De acuerdo a la Ley peruana y la normas de planificacion familiar del Ministerio de salud, no es necesario la firma del conyuge. Basta la firma de la persona que va a ser intervenida. Tampoco es necesrio que la firma sea legalizada por notario.
    Sólo en caso que la persona que se va a operar sea analfabeta, se reuiere un testigo, para asegurar la voluntariedad por la intervencio.

    ResponderEliminar

Si tienes un comentario por favor, déjalo aquí.