viernes, 7 de junio de 2013

¿Dónde están mis amigas?

Sé que no soy la única nueva mamá (aunque no tan nueva ya) que se pregunta esto. Con la maternidad (y también con la edad, jeje) vienen muchos cambios en el estilo de vida, en las rutinas y hasta en los gustos. Con estas nuevas rutinas, horarios y necesidades se hace cada vez más difícil encontrar un tiempo para nosotras y esto incluye las salidas con las amigas. Y esto se vuelve aún más complicado si éstas no tienen hijos y menos aún esposo, e incluso con aquellas que sí los tienen (porque admitámoslo los esposos fastidian tanto como hijos) es muy difícil coincidir.

Escribo esto porque hace poco más de dos semanas me encontré con mis amigas después de más o menos 6 meses (o de repente más) en el brunch de una de ellas y, aunque mi plan original era quedarme por un máximo de dos horas, me terminé quedando como por 6 (sí, así de viciosa me he vuelto) y pasándola genial. Debo confesar que hice un gran esfuerzo en ir, me daba flojera, tenía mil cosas que hacer, la panza me pesaba, no quería dejar a mis hijitos - que cada vez están más molestosos - en fin mil motivos buenos y válidos para no ir, y que ya he usado más de una vez. Sin embargo, decidí hacer mi mejor esfuerzo e ir, porque la verdad cada vez veo menos a mis amigas, cada vez tengo menos amigas y siento que cada vez pierdo más a mi antiguo yo (el yo pre-hijos).

Con mis amigas la pasé genial: me olvidé de mi panza, mi esposo y hasta de mis hijos. Recordé lo bien que la paso con ellas, lo divertido que es compartir anécdotas y comentarios y escuchar opiniones sinceras de gente que te conoce más de lo que tú crees. Recordé también, que puedo ser divertida y que tuve ¿tengo? una vida más allá de las 4 paredes de mi casa y el mundo de mocos y babas en el que me hayo sumergida ahora. No es que no me encante la etapa que estoy viviendo, no. Pero, no voy a negar que muchas veces (sobre todo cuando veo en el Facebook las fotos de mis amigas en viajes, juergas y eventos que para mí son impensables en este momento) añoro mi antigua vida. Una vida que casi no reconozco, una vida sin cansancio crónico, sin malas noches, con mucho tiempo para mí y con conversaciones más allá de pañales o nanas.


Este reencuentro me sirvió para darme cuenta que debo hacer un esfuerzo por ver más seguido a mis amigas, no sólo porque me hace bien, sino también porque las extraño, las necesito y las quiero. Necesito recordar quien fui antes de ser mamá y no perderme a mí misma. Así, que está decidido, en cuanto pueda estar activa de nuevo (tengo una bebé de 3 semanas en casa; "no pressure please") no más flojera, no más planes monses en la sala de mi casa: voy a salir con mis amigas, voy a buscarlas, a perseguirlas (porque ya cada vez me incluyen menos en sus planes) y a pasarla bien.  Y, es que también una neuro_mamá no siempre lo fue, y merece recordarlo ¿no?  

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