miércoles, 11 de septiembre de 2013

La pasada de huevo, mis hijos y yo


Ayer por la tarde mi bebé de 4 meses empezó a llorar de la nada. Así, de la nada. La tenía cargada la chica de limpieza de la casa mientras yo terminaba de alistarme para ir con mis 3 hijos a un cumple. Era la primera vez que iba a ir a una fiesta con los 3 y yo estaba re-emocionada, parecía que la fiesta era mía. Le puse a mi bebé sus mejores galas, vestí a los grandecitos  elegantísimos y por supuesto, yo no  me podía quedar atrás, así que me cambié con una de las mejores ropas que me quedan (porque todavía no me queda el 100% de mi ropa después de este parto).

Cuando estaba terminando de cambiarme escuché a mi bebé llorar, no me alarmé porque los bebés siempre lloran, pero de pronto su llanto empezó a escalar a alturas alarmantes y me asusté. Bajé hecho una bala y encontré a mi hijita al borde del colapso. La traté de calmar, pero me fue imposible. Cuando ya parecía que iba a parar, empezaba de nuevo y con más fuerza. No pude meterla al carro, imposible ir con ella a la fiesta. Muerta de pena mandé a mis hijos mayores, y me quedé calmando a mi bebé. Finalmente, después de media hora de llanto agudo se calmó y se quedó dormida.

Durmió mal, moviéndose y sobresaltada. No entendía que le había pasado, ni que le pasaba. Vino la chica de limpieza, y me dijo que creía que nuestra perra la había asustado, porque cuando la perra pasó a toda velocidad la bebé empezó a llorar. Bueno - pensé - en el mundo de los bebés puede ser cualquier cosa. Y ahora, ¿qué hacemos? Le pregunté, y por supuesto que ya sabía la respuesta: “hay que pasarle el huevo señora, si no se va a quedar asustadita y no va a descansar”.

Antes que nazca mi primer hijo está proposición me hubiera parecido lo más chiflado del mundo y por supuesto, jamás hubiera aceptado. Pasar el huevo me parecía el sumun de la ignorancia y la superstición, pero ahora, 4 años más tarde y con 3 hijos a cuestas, me parece no sólo de lo más normal si no que estoy convencida de su validez científica. La pasada de huevo, en el caso de mis hijos, es infalible. Cuando están inquietos, no logran conciliar bien el sueño, lloran por todo, etc. etc. su nana, siempre la nana (al parecer la pasada de huevo es parte de su instrucción como nanas) les pasa el huevo y – siempre - duermen mejor, se les compone el apetito y dejan de estar susceptibles y vuelven a ser los bebés risueños que siempre han sido.

Mi hermana se burla de mí, y me pregunta si mis estudios universitarios me sirven para algo. Mi esposo se hace el de la vista gorda pues no quiere discutir cuando sabe que no va a ganar y la verdad que no me atrevo a contarle a mucha gente que lo hago. Pero, ¿qué puedo hacer? A mí me da resultados y lo cierto es que a ellos no les hace daño. Pasar el huevo le da tranquilidad a la nana y también a mí; y quizá sea precisamente esa tranquilidad que nos da a los adultos cuidadores la que los bebés perciben y los calma y relaja, o quizá sea que el huevo tiene propiedades sobrenaturales que aún no han sido descubiertas y todos aquellos que se burlan de mí serán los burlados.

Lo cierto es que anoche mi bebé durmió como un angelito, y yo también y si no … ¡mañana hago que le vuelvan a pasar el huevo!





No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Si tienes un comentario por favor, déjalo aquí.