jueves, 24 de octubre de 2013

El rotavirus llegó a mi casa y no me dejó escribir el blog

Lo trajo mi esposo. Se fue de viaje, hace poco más de 1 mes, a Arequipa y ahí lo contrajo. Él empezó. Primero malestar, luego dolor y finalmente vómitos, fiebre y diarreas sin parar. Perdió 5 kilos en 5 días (¿por qué no me da a mí?). La verdad es que su enfermedad no me quitaba el sueño, total; ya es grande y para alguien que pesa más de 80 kilos, perder 5 no es nada.

El problema es que contagió a mis hijos. Gracias a Dios, sólo a los más grandecitos y no a la bebe. El problema de este virus, aunque uno esté vacunado, tanto mis hijos como mi esposo tienen sus vacunas completas, es que te agarra y no te suelta. No te provoca comer nada, vomitas, tienes diarrea y te sientes morir. A mi hijito mayor, lo agarró muy suave, según el pediatra para esto sirven las vacunas: te puede dar la enfermedad pero los síntomas son más leves, sólo le duró un día de vómitos y apenas un par de diarreas, poca fiebre y al día siguiente como nuevo.

Pero, a mi hija segunda, sí la agarró con furia. Empezó vomitando, primero una vez, todo tranquilo pensé… Hasta que luego del primer vómito, vino un segundo, un tercero, se le aflojó el estómago y no paraba de llorar, volaba en fiebre. Finalmente como a eso de las 11:00 p.m. pudimos controlarlo y durmió tranquila. Pero, a la mañana siguiente amaneció en crisis total: vómitos y una diarrea incontrolable, y lo peor no tenía ni fuerzas para llorar. Me asusté, y la verdad que yo rara vez me asustó con las enfermedades de mis hijos. Tenía los ojos hundidos, no tenía lágrimas y estaba visiblemente más flaca. Llamé al pediatra y se asustó: me dijo que no le diera nada de comer, y pruebe darle una onza de Gatorade cada media hora, si con eso no mejoraba a la clínica de emergencia. Entré en pánico. Como un rayo conseguí 4 Gatorades.


Le embutí el Gatorade, y como era rico tomó 4 onzas. Lentamente le volvió el color a la cara, y empezó a reírse y a correr, ¡uf! Luego de media hora le di otra onza, y así hasta que luego de dos horas hizo diarrea. Pero, ya estaba fuera de peligro, ¡no había que internarla! Igual, me tuvo en ascuas varios días, ya que el estómago continuo flojo bastante tiempo más. Le corté la leche porque este virus produce intolerancia a la lactosa y bueno, perdió casi dos kilos, que para alguien que pesa 13, es bastante. Lo bueno, es que como todos los niños, su recuperación fue rapidísima y ahora ya está como si nada. Soy yo, la que todavía no se repone del susto.

Este virus es tan fuerte, que no me puedo imaginar cómo debe atacar a los niños pequeños que no tienen vacunas. Afortunadamente, tomé todas las precauciones del caso y mi bebé no se contagió (¡hurra por la leche materna!). Yo tampoco me contagié (sigo a dieta para perder esos 3 kilos que no me dejan) Pero, finalmente, gracias a Dios ya estamos libres de viruses y listos para que llegue el verano y se acaben (¡por fin!) las enfermedades, bueno se acaben hasta que vuelvan al nido y empecemos todo de nuevo. 




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