lunes, 9 de diciembre de 2013

Mamá también necesita que la engrían

Soy consciente que como mamá, como madre también necesito cuidados, atenciones y engreimientos. Así, como parte de mi rutina diaria nado todas las mañanas. Me gusta, me relaja y me ayuda (aunque cada vez menos) a mantenerme en forma. Hace tres semanas atrás, estaba como siempre nadando y me empezó a doler el cuello muy fuerte, no le hice caso y seguí nadando. Salí del agua y todo normal, pero cuando me empecé a echar las gotas para los oídos algo muy extraño me sucedió: me dio un vahído tan fuerte que no me pude tener en pie, empecé a ver negro con estrellitas y me vino un dolor de cuello y cabeza terrible. No pude manejar de regreso a mi casa y estuve tirada con nauseas todo el día. (No, no se viene el cuarto hijo).

Nunca me había pasado algo parecido en mi vida, y lo cierto es que no había nadado tan fuerte como para que se deba a una descompensación. Asustada saqué cita con el doctor al día siguiente. Una vez ahí, el doctor me revisó de pies a cabeza (sobre todo la cabeza para ver que no pasara nada extra raro por ahí) me miró a los ojos y me dio su diagnóstico: “tienes el mal que sufren el 99% de madres del país” Dios mío pensé: ¿¡qué tengo!? -  “estrés agudo por sobrecarga de labores”. Su recomendación: “tomármelo con calma (es eso posible?) Y engreírme”.

Mamá descansando en la piscina
Empecé a tomármelo con más calma y mejoré, hasta que esta mañana mientras nadaba empecé a notar los mismos síntomas que sentí ese día. Paré. ¿Qué tengo? Y mientras pensaba en mi dolor, me di cuenta que salvo la natación (que recién empezó hace un par de meses) y este blog, hago muy pocas cosas que me gusten y que sean sólo para mí. Cosas que disfrutaba hacer cuando era soltera o cuando no tenía hijos, cosas que me satisfacían y me llenaban, cosas que me hacían sentir una persona plena.



Salí del agua y decidí que era momento de engreírme y pasarla bien. Coordiné para que alguien recoja a mis hijos del nido (para no tener la angustia del tiempo) y fui a que me hicieran masajes que me encantan, después de los masajes pasé por una librería que hay camino a mi casa (¡amo leer!)  y me compré un par de libros que me moría de ganas de leer (siguen en mi mesa de noche, sin abrir L) . Todo esto lo hice manejando tranquila, sin apuro y para cerrar con broche de oro: fui a mi pastelería favorita y me olvidé de las calorías y lo gorda que me siento después del último embarazo y me tomé un delicioso chocolate caliente y me comí una empanda mixta buenaza.

Después de esto, me sentí de maravilla. Los dolores en el cuello desaparecieron, la espalda dejó de dolerme y me sentí renovada, con más energía y más contenta. Llegué a mi casa y apachurré a mis hijitos, jugué toda la tarde con ellos y le di tomar su leche a mi bebé. Realmente disfruté estar con mis hijos, y ahora en la noche, tengo energía suficiente para conversar largo rato con mi esposo. Con esto me he dado cuenta que yo también necesito que me engrían y hacer cosas que me gusten, porque lo cierto es que si la mamá no está bien, nada está bien en la casa y si yo no me engrío, nadie más lo va a hacer ¿no? 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Si tienes un comentario por favor, déjalo aquí.