miércoles, 25 de diciembre de 2013

Una navidad distinta y especial

Esta Navidad fue distinta a todas las otras navidades que he experimentado en mi vida, y eso que he tenido navidades que no tienen nada que envidiarle a las mejores películas hollywoodenses. Esta Navidad prometía ser diferente desde el inicio: íbamos a recibir las 12:00 en mi casa (yo anfitriona: estrés total) con mi familia política (algo muy raro) e íbamos a pasar el 25 con toda mi familia en un fiestón.

Pero, como en esta vida nada se puede dar por sentado, el lunes 23 mi hijo mayor, amaneció vomitando. Vomitó poco y se le soltó el estómago, así que no me asusté. Como a eso del mediodía se quedó dormido y aproveché que estaba estable y dormía para ir a hacer el último shopping navideño (más estrés). Pero, oh sorpresa, cuando estaba a 5 minutos de llegar a la casa, me llama mi empleada y me dice que mi mamá está llevando a mi hijo a emergencia porque no paraba de vomitar;  ¡¿qué?! -Dije- Y ¿por qué no me ha llamado? Hemos estado llamando señora, pero ni Ud. Ni el señor contestaban (Gracias CLARO por la excelente señal).

Fui corriendo a emergencia donde encontré a mi hijito pálido y apagado, felizmente mi mamá y mi hermana estaban con él. Ahí, el doctor me dijo que mi bebé estaba con deshidratación y que íbamos a intentar recuperarlo por vía oral. Lamentablemente la vía oral no funcionó. Tuvimos que ponerle una vía y debido a su edad (4 años)  se tuvo que quedar a dormir en la clínica.

Así, que víspera de noche buena mi hijo pasó la noche en la clínica, y yo desesperada porque no había podido ver a sus hermanitas desde el mediodía. Esa noche dormí en mi casa (sí, lo sé que raro en una neura como yo), pero dejé a mi hijo dormidito con su papá y quería amanecer con mis hijitas y aunque sea atenderlas en la madrugada (sí, siempre se levantan).
Niño hospitalizado levantando el brazo

Felizmente, al día siguiente mi hijo amaneció excelente y nos dejaron llevarlo a casa después de almuerzo.Pero, a diferencia de otros años, no había terminado de hacer nada: ni envolver los regalos, ni esconderlos bien, ni la cena (que gracias a Dios, tuve el buen tino de cancelar) y ni mi esposo, ni mis hijitos ni yo estábamos lindos, bellos y perfumados para tomarnos la foto navideña con la que siempre soñé (junto al árbol y en nuestras mejores galas. Definitivamente será el próximo año).  

Cuando estaba a punto de ponerme a renegar, mi esposo me hizo notar que sin querer queriendo estaba teniendo la Navidad que siempre soñé: solos, los 5 (mi esposo, mis hijos y yo, nadie más) y sin tener que atender a nadie, ni preocuparnos por nadie más. Así que,  repartimos los regalos a las 8 de la noche, mi esposo y yo comimos rico y sin pretensiones, nos acostamos temprano y a las 6:30 a.m. bajamos los 5 a abrir los regalos que había dejado Papa Noel. Sin duda, fue la mejor Navidad para mí; pude dormir bien, disfrutar a mis hijos y a mi esposo sin estrés; y recordé que lo más importante es aprovechar y disfrutar lo que la vida te da. Así, que definitivamente, esta ha sido una Navidad muy especial en la que Dios, en su extraña manera, me mandó el mejor regalo de todos: tiempo y serenidad para disfrutar a mi familia, a mi manera.


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