lunes, 24 de febrero de 2014

Mamitis

- Mami, ¿qué significa mamitis?
-  Mamitis es cuando un hijo sólo quiere estar con su mami todo el día, sólo quiere jugar con su             mamá, acompañar a su mamá de aquí para allá y que su mamá lo bañe, le de comer, le haga                todo.
-                   Ahhh, entonces, yo tengo mamitis. ¡¡Porque quiero estar todo el día contigo mami!!

Esta fue la conversación que tuve hace un par de semanas con mi hijo de 4 años mientras caminábamos juntos hacia el banco. Y es cierto, de un tiempo a esta parte está con una mamitis atroz. De verdad quiere estar conmigo cada segundo del día: me acompaña cuando me ducho, cuando me cambio, cuando voy al baño, cuando voy a hacer las compras y hasta cuando voy a la peluquería a hacerme la cera. Se pasa todas las noches a mi cama (es más, ahora se acuesta en mi cama) y me obliga (sí, obliga) a que yo haga lo mismo.

¿Lo peor? Es que su hermana está en un plan muy similar. Así, que me paso todo el día con dos pequeños pegados a cada una de mis piernas y cuando quiero o tengo que hacer algo que no los incluya tengo que esconderme, escaparme o peor aún, enfrentarme a horas de explicaciones, llantos y  negociaciones.

Honestamente, no entiendo que está pasando. No sé si es porque la hermanita menor (la 3era) está cada día más linda y rica y a sus 9 meses es toda una delicia y eso les da demasiados celos, o es que presienten, o más bien dicho, saben que en exactamente 13 días empezamos el colegio y toda esta vida de relajo y diversión se acaba. O quizá, sea ambos. Lo cierto es que este excesivo apego, sobre todo por parte del mayor está empezando a alterarme. No puedo hacer nada sola, tengo que escaparme (sí, lo siento psicólogas pero me escapo, ya no puedo dar tantas explicaciones y pasar hoooras despidiéndome) porque lo cierto es que, incluso en mis momentos de relax, como por ejemplo cuando voy a hacerme la cera, hay un niño metido en mi cabina.  


Y esta mañana colapsé, tenía todo (según yo) listo y organizado para salir a las 9:00 a.m. de mi casa para ir a la playa, y eran las 10:15 a.m y seguíamos metidos en la casa. Yo tenía a un niño a mi costado que me perseguía por todos lados, no paraba de hablar, de enseñarme cosas y preguntarme mil cosas de las que no tengo ni idea y para colmo cuando me veía más frenética en mi paseo por la casa más fuerte me hablaba. Hasta que exploté y le grité que - por favor - se vaya de mi vista. No me arrepentí de haberle gritado, estaba furiosa, agotada y muy frustrada. 
Mamitis

Seguí haciendo mis cosas, para por fin terminar, salir y cumplir con las mil cosas que tenía programadas cuando veo a mi hijo que, sin hacer caso a mi advertencia, estaba frente a mí saltando con toda su fuerza para llegar hasta un cuadro. Lo vi tan contento saltando, que no pude evitar enternecerme y sentirme pésima por haberle gritado. Me di cuenta de lo pequeñito que es: no llega a alcanzar los cuadros, tiene que poner un banquito para lavarse las manos y los dientes, vive en un mundo dónde la fantasía y la realidad se entremezclan y sólo quiere estar conmigo, conmigo, conmigo, conmigo y por mucho que eso agote, tengo suerte. 

Él y sus hermanas son el eje de mi vida y también el principal motivo por el que esta mañana estaba histérica tratando de salir lo más temprano de la casa para disfrutar de nuestro día de playa y pasarla lindo: jugar en la arena, bañarnos en el mar y en la piscina y que todos puedan cumplir con sus horarios de siestas y de comidas (sí, como buena neuro cumplo los horarios estrictamente)... Pero, entonces me di cuenta que no era necesario esperar a llegar a la playa para pasarla bien, me di cuenta que por estar tan metida en mis organizaciones y horarios neuróticos para ir a un lugar a "ser feliz" me estaba perdiendo el ser feliz en ese momento.

Decidí relajarme y divertirme con las lindezas y ocurrencias de mi hijo que sufre de mamitis. Me reí de sus chistes malazos, canté a todo volumen las canciones de la Cenicienta con la segunda y me colgué a mis hijos con mamitis a cada una de mis piernas. Al final, terminé saliendo prácticamente a las 11:00 a.m. pero sin estrés ni alteraciones. Me di cuenta que, a veces, por querer hacer todo perfecto y querer que mis hijos se ajusten a mis perfecciones se me olvida disfrutar los pequeños detalles y momentos juntos. Se me olvida que, aunque su mamitis me agote me encanta tenerlos aquí pegaditos y encima mío porque yo… yo sufro de un severo, agudo y crítico caso de ¡hijitis! Y no quiero curarme de eso nunca ¡jamás!

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