domingo, 9 de febrero de 2014

Nostalgia por un pañal

Ahora que es momento de entrenar a mi segunda hija para que deje el pañal me ha entrado un poco de nostalgia: mi pequeñita será una niña grande, no más una bebé, sino una niñita cada vez más autónoma. Sólo me quedará una bebé con pañal en casa, y pronto seguro que ninguna. Sí, sí; sé que debería estar feliz y celebrar que crecen y dejan etapas, pero no puedo evitar sentir un poco de nostalgia por la etapa que se acaba y el hecho de que ya no voy a tener a mi bebé segunda.   

Así, melancólica como estaba me puse a recordar el día que llegó mi hijo mayor al mundo y con la ansiedad preguntaba por todos lados, y ¿qué hago? ¿Cómo se cambia un pañal? ¿Cuántas veces le cambio de pañal? ¿Qué pañal uso? ¿Cuál es el mejor? Las respuestas no se hicieron esperar: cambiaba pañales un promedio de 8 veces al día los primeros días (así que este es el número de pañales que hay que cambiar, mmmm), probé con varias marcas, diseños y modelos y también descubrí que cada etapa es distinta y sin darme cuenta tenía un stock de más de 50 paquetes de pañales de distintas marcas, modelos y tallas.

Ya cuando nació mi hija la segunda yo era toda una madre experta. Sabía que los primeros días cambiaría un horror de pañales, sabía que existían pañales y productos para los primeros 100 días de nacidos y también sabía que por todo lo anterior, que no pararía de chambear los primeros días. No me compliqué y a todos los que me preguntaban que regalar a la nueva bebé, les pedía pañales y útiles de aseo y similar: cosas prácticas. El tiempo fue pasando, y mi pequeñita pasó de ser talla RN, a talla P (ese cambio fue en 10 días, increíble ¿no?), luego G (en esa duró bastante), luego XG (¡ya estaba grande!) y finalmente es una XXG. Cada cambio de talla pera mí era un hito, y lo sigue siendo ahora con mi nueva bebé, cada cambio de talla me hace sentir bien, es como si me dijeran: muy bien, tu bebé está creciendo, está engordando, estás haciendo un buen trabajo. ¡Felicitaciones!

Ahora que mi segunda va a dejar el pañal, es lo mismo: está creciendo, está engordando, está cada día más mosca y cada día es más una niña grande y menos un bebé; es un hito. Y yo, me siento feliz por eso, por verla crecer, verla volverse más independiente, desarrollar sus propios gustos y llevar a cabo sus propias ideas. 

Me preparo para decirle (nuevamente) adiós a una etapa de pañal. Y no puedo evitar que me dé pena. Claro, me alegro porque, al igual que cada cambio de talla en el pañal, significa que mi bebé está creciendo, se está haciendo más grande, fuerte y más hábil y cómo mamá, es un recordatorio que lo estoy haciendo bien (ufff), lo estoy haciendo lo mejor que puedo. Sin embargo, no puedo evitar sentir pena y nostalgia por esa etapa que se va. Mi bebé, ya no es más una bebé y se está convirtiendo en una niñita. Una niñita linda, terca y muy inteligente a la que adoro con todo mi corazón.

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