viernes, 11 de abril de 2014

Proyecto Pañal 2: Retroceder nunca, rendirse jamás*

Hace un par de meses atrás posteé sobre lo difícil que era quitarle el pañal a mi Nina (en aquel entonces de 2 años y 3 meses) (post acá). Es más,  luego de tratar por un tiempo me di por vencida pues, aunque yo estaba lista ella aún no (y también posteé sobre eso acá).  Y lo cierto es que yo ya estaba resignada a tenerla con pañal hasta que ella se aburriera, o hasta que cumpliera 3 y le diera vergüenza. No sé, digamos hasta que viera una señal que ella realmente ya no lo quería usar más.

Y bueno,  la señal llegó. Y llegó a través de la miss de su nido. Al parecer, Nina le había dicho que ya no quería usar más pañal porque ahora ya quería usar calzón como las princesas. “¿en serio?” Le pregunté a la miss. Porque en la casa, lo único que quiere es ser una bebé como su hermana. En serio, me respondió- Así, que mañana tráemela sin pañal y con varias mudas. Y, eso sí. Me advirtió. “Ya empezamos, no le vuelvan a poner pañal jamás.  Aguanten ahí”.

Y con esa actitud empezamos hace 4 días atrás. Los primeros 2 fueron fatales. No sé qué tal le habrá ido en el nido, pero en la casa fue un desastre. Había pila por toda la alfombra. Mi esposo llegó del trabajo y pisó un charquito. Lo siento, le dije. Pero,  Nina ya dejó el pañal y es ahora u nunca, porque hasta la miss está involucrada ahora. Se río y me dijo que presupueste una limpieza de alfombra (¡de todas maneras!)

Estuve tentadísima de ponerle pañal de nuevo, sobre todo cuando lloraba a gritos cada vez que quería llevarla a sentarse al wáter, o cuando corría por toda la casa sin nada abajo, o cuando  a la salida del nido se hizo la popó y dejó regalitos por todo el piso. Pero, la consigna era clara, esta vez no había vuelta atrás.
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Y así, luego de 3 días de locura vino la calma. Ayer su nana me dijo que había ido al baño sola y había hecho muy bien. No le creí. Hasta que lo vi con mis propios ojos. Estábamos jugando y empezó a correr   gritando, pilita, pilita. Se subió sola al wáter  y, efectivamente sin ayuda de nadie hizo como una grande. Y no sólo, el uno, sino también el dos. ¿Cómo? Pero, si dos días atrás lloraba cuál Magdalena para ir al baño, ¿cómo es qué ahora va sola tan contenta? ¿Será por qué le prometí un disfraz de princesa? ¿Pero, las otras veces que intenté quitarle el pañal no pude ni ofreciéndole un pasaje a Disney? Creo, que la miss tenía razón y ahora ya está lista. Pues, al día de hoy cero accidentes. ¿Sustos? incontables. Pero, finalmente puedo decir que por fin Nina dejó el pañal y esta vez sí es para siempre.  


Así, que adiós pañal fue un gusto. Y contigo hasta nunca. Y para las que están en las mismas, ya saben. Aunque se quieran dar por vencidas, no lo hagan porque la consigna es: retroceder nunca, rendirse jamás. Y vaya que funciona.

*Colaboración para el portal digital Padres de Hoy

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