jueves, 12 de junio de 2014

Terapias, terapias y más terapias*

Ayer estaba en una fiesta conversando con una amiga. Ya era un poco tarde y la fiesta estaba por terminar cuando de pronto llega otra amiga con su hijita. Por supuesto, le preguntamos qué por qué llegaba tan tarde. Y nos respondió entre susurros: porque hoy es día de terapia de mi hija, y ya estoy harta de que se pierda todas las fiestas y los eventos. Así, que la traigo aunque sea un rato.

Nos pusimos a conversar sobre la obsesión actual por las terapias. Sobre todo, en los nidos. Parece, que la misión del nido es no alertar a los papás de posibles problemas que quizá puedan presentarse en un futuro, si no de traumarlos para que los niños entren perfectísimos al colegio y así, los profes del colegio se la pasen bien. Claro, si nos los niños ya llegan con miles de horas de terapia. ¿Cuál es la chamba del colegio? En el salón de mi hijo en el nido, no había ni uno que se escapaba de haber hecho alguna terapia.   

Además, por supuesto esta “sugerencia” de terapias es alimentada por la noica de las madres que queremos que nuestros hijos sean perfectos y no entren con ninguna desventaja en comparación del resto de niños. Así, entre nidos/colegios y neurosis maternas nos alimentamos mutuamente y seguimos con esta fijación por las terapias, dónde al final los más perjudicados son los niños. No tienen horas de juego libre para desarrollar la imaginación, no tienen periodos de descanso, nada de lo que sí gozamos en mi generación.


Varias, veces he escrito sobre mi resistencia a meter a mis hijos a terapia. Pero, es un tema que no me cansa. En mi época (sí, ya estoy vieja) no era así. Sólo, iban a terapia los que realmente necesitaban una ayuda muy obvia. Y esto, sólo era a partir de los 5 años. Antes, los niños eran considerados muy pequeños para que valiera la pena. ¿Era mejor o era peor? No lo sé, pero por lo menos nos dejaban ser niños y no nos perdíamos las fiestas, las invitaciones de los amigos, ni similares. Ahora, tendremos una generación de niños “perfectitos” y sumamente ocupados dónde hasta los espacios de juego son regulados. ¿Cómo serán? ¿qué tal les irá? Sólo lo sabremos en el futuro. Mientras tanto, yo dejo que mis hijos jueguen y le digo NO a las terapias. Hasta que el colegio me obligue, o realmente me dé cuenta que lo necesita. 

*Colaboración con el portal digital Mamitips

3 comentarios:

  1. Hola, siempre leo tu blog me parece excelente y me siento identificada con muchas de tus experiencias. Al igual que tu vivo con esta lucha de las terapias, siento que las mandan indiscriminadamente en colegios y nidos e igual que tu pienso que son las ansias de que los niño lleguen super preparados y no hacer mas, me parece muy injusto y deberia haber una entidad que ampare a nosotros los padres, habra una que pueda ayudarnos y regular esto? No lo se al menos no la conozco :-(

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    1. Yo creo q es un negocio de la institucion con algunos "terapistas".Terapia por comportarse como niño?

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    2. Hola, disculpa la demora en responder. Bueno, pues el Ministerio de Educación con su campaña "Permiso para ser niño" algo quiere hacer. Aunque todavía falta bastante. Yo, ya me volví anti-terapia aunque debo reconocer, que para el caso de mi hijo sí fue necesaria la de lenguaje y estuvo un año y le hizo muy bien. Ahora, habla perfecto.

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