miércoles, 9 de julio de 2014

¿Y los límites?

A propósito de un post que escribí un tiempo atrás y que sin quererlo generó bastante desasosiego en algunas personas que me conocen, creo que es necesario aclarar sobre los límites que tenemos todos como seres humanos, y que el sentido final de este post y todos (o la mayoría) de los post que escribo es reflexionar sobre lo que observo y vivo como madre. Poner mis inquietudes y fastidios sobre la mesa, ya sea, para reírnos, asustarnos, reflexionar y ¿por qué no? incluso, llorar.

El problema con el post que menciono: La más metiche del salón, es que se quedó ahí, en ser simplemente un post que generó un poco de bulla chismosa con mala intención. No generó la reflexión ni el autoanálisis necesario de un tema tan común y preocupante cómo es, el “ser metiche”. Pues, yendo un poco más allá de la palabrita graciosa e hiriente, el ser metiche o metete, significa no tener límites: no saber cuándo parar, no saber hasta dónde llegar, no saber respetar el espacio ajeno, la voluntad del otro, zurrarse olímpicamente. Es, en cierta manera, vivir con una falta de respeto constante al otro (sea un otro colectivo o individual) para hacer siempre lo que nos place y sin saber cuándo parar.
NeuroMamá Blog and son wearing glasses sporting a badass attitude
Preocupante, ¿no? Pues sí. El problema con estas madres “sin límites”, además que es un problema lidiar con ellas, es que suelen educar a sus hijos, también sin límites. Pero, ojo acá que éstas madres, no son las únicas que crían a sus hijos así. Cada vez hay más madres y padres que crían a sus hijos sin límites, sea porque tienen remordimiento de conciencia por verlos poco, o porque creen demasiado firmemente en una “crianza libre y sin control”, o simplemente están muy ocupados haciendo cosas "más importantes". Así, tenemos cada vez más niños criados sin límites claros, ni reglas básicas. Niños que no tienen hora de ir a dormir, ni hora de levantarse, niños para los que no hay un límite en la cantidad de televisión que pueden ver, o la cantidad y contenido de videojuegos que pueden jugar. Niños para los que no hay un límite en lo que pueden pedir, y en lo que se les puede comprar y en los casos más preocupantes, no hay un límite en lo que se puede y permite hacer. Niños que no saben ni entienden de respeto al otro.

Vamos,  me dirán algunos, ¿pero qué tiene de malo? Ya de grandes aprenderán. Yo les pregunto ¿cómo aprenderán si nadie les enseña? ¿en qué momento aprenderán límites y respeto si cuando son pequeños los padres no se lo enseñan?¿Peleándose con otras personas que no se  dejan someter a sus reglas y caprichos? Y, ¿qué va a pasar cuándo se encuentren con otro sin límites en el camino?   Me preocupa ver que hay cada vez más de estos niños a los que sus padres no les saben decir NO. Me preocupa ver cómo hay cada vez más mamás que rápidamente, se someten a los caprichos de sus hijos sólo para evitar un berrinche o un mal rato. Estoy de acuerdo en que el amor a los hijos debe ser sin límites, pero sí debe haber reglas y normas de respeto que ellos estén obligados a cumplir. Hay que saber enseñarles cuándo deben parar y cuándo, la respuesta es simplemente NO. Deben entender que hay límites. Si no, ¿qué estamos criando? al próximo o próxima “bully” de la promoción, o al próximo o próxima más “metiche” del salón. Y, estoy segura que eso es algo, que nadie quiere. 

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