martes, 23 de septiembre de 2014

¡No estoy sola!

Uno de los motivos por los que empecé a escribir este blog fue por la necesidad apremiante que tenía de compartir los sentimientos, angustias y dudas por las que estaba pasando como madre primeriza. Además, necesitaba también sentir compañía en este difícil e incierto camino de la maternidad.  Todo era tan nuevo, tan distinto y no sabía si todo lo que me pasaba estaba dentro de lo considerado “normal”. Así, empecé a escribir y a compartir con otras mamás para estar “acompañada” y me di cuenta que, no era la única que tenía esas angustias paralizadoras, no era la única que estaba traumada por la crianza y educación de mis hijos y ¡no estaba sola!

En mis primeras épocas de madre me sentía muy sola, no tenía prácticamente ningún adulto con
quien conversar. Mis mejores amigas no tenían hijos, es más, la  mayoría seguían solteras así que no comprendían para nada cómo mi vida había cambiado. Encima, como andaba traumada por generar un vínculo sólido y duradero con mi bebé, dedicaba el 99% de mi tiempo a estar con él. Mi marido, pasó a un quinto plano y el resto del mundo dejo de existir.

Con el blog, me alegró mucho saber que no era la única que había “abandonado” su vida. Y, algo similar me sucedió hace poco con el post sobre la Disfunción de Integración Sensorial. Estaba en un momento de crisis, y fue muy reconfortante saber que ¡No era la única que pasaba por eso! Recibí varios emails, inboxes, mensajes y hasta llamadas de mamás, que como yo, estaban preocupadas por sus hijos y ya habían pasado, o estaban pasando por temas similares y cuyas reacciones, habían sido de lo más diversas. Nuevamente, me sentí acompañada y recibí miles de tips súper útiles.

Incluso, recibí la llamada de una buena amiga quien estaba sumamente molesta porque –a su entender- yo había expuesto un tema sensible y privado de manera pública. ¿Qué me había pasado? ¿Cómo se me ocurría poner algo así? ¿Cómo podía yo misma etiquetar a mi hijo? Le di la razón. Quizá me excedí, pensé. Me hizo pensar algunas cuestiones que yo no había considerado, como la privacidad de mi familia. Y comprendo su punto.


Pero, por otro lado también considero que es importante hablar de temas reales que me (y nos) suceden como madres. Conversar sobre diagnósticos difíciles y temas que – un poco por vergüenza y otro poco por orgullo – no tocamos. Esto permite intercambiar emociones, sentimientos e ideas, aligerar la carga y sentirnos acompañadas y ¿por qué no? comprendidas y saber también, que no estamos solas. En mi caso, incluso llamadas como las de mi amiga (aunque sean para requintarme) me hacen saber que no soy la única, que es bueno compartir y que como decía al comienzo ¡no estoy sola! ... y no tengo porque estarlo. 

¡Gracias por contactarse! 

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