miércoles, 19 de noviembre de 2014

El ninja no se quiere casar con la princesa

Suena a título de película o de libro para niños, pero no lo es. Es el nombre del juego que últimamente juegan mis hijos todos todo el día. El juego consiste en que algún ninjago, o alguna tortuninja o algún juguete ultra masculino de mi hijo llora y está triste porque alguna princesa (por lo general una Barbie Cenicienta) se quiere casar con él y, por supuesto, él no quiere. La princesa lo busca y lo persigue, mientras el ninja corre o maneja su carro de Lego a toda velocidad.  Luego de un rato, la princesa se aburre y se va; acá el ninja vuelve a buscarla para nuevamente caer en la misma dinámica. El juego termina cuando mi hija se harta y dice: “La princesa ya se cansó, ahora se va a su castillo con sus amigas”.

Interesante juego ¿no? Parece sacado de un libro de texto de “psicoanálisis del juego de los niños”.  Si partimos de la premisa que los niños procesan todo lo que viven, ven y sienten mediante el juego, podemos inferir que mi hijo de 5 años (el inventor del juego) ha observado en su grupo social una relación hombre-mujer (ninja-princesa) dónde los primeros, rehúyen el matrimonio y las segundas lo buscan por todos lados. Obviamente, él no ha llegado solito a esta conclusión, la sociedad (con todo lo que esta implica) le ha ayudado. Esta conclusión la ha sacado de observar los comerciales de la televisión, las películas de princesas (su hermana es adicta), revistas, cuentos y por supuesto, también conversaciones  y su día a día dentro de su, aún, reducido entorno social.

Lo qué cómo mamá me preocupa es ¿qué está observando mi hijo? Mis esfuerzos por criar a 3 niños libres de estereotipos de género están resultando vanos. Me pregunto, ¿Qué conversaciones está escuchando? ¿Qué está infiriendo de las relaciones de género que observa? ¿Qué está observando en mí, en su papá, sus tías, tíos y abuelos? Finalmente, somos nosotros sus referentes primarios, ¿no?

Con esto, me queda claro que a los niños no se les escapa ninguna. A mi hijo no se le han escapado mis conversaciones con amigas solteras que quieren dejar de serlo, y mi preocupación por verlas tan tristes por esta situación. Tampoco se le han escapado mis conversaciones con amigos incitándolos a que de una vez se casen. Tampoco, se le ha escapado el mensaje subliminal de todas las películas y cuentos de princesas. Lee entre líneas y percibe cosas que ni yo misma me doy cuenta. Y así, sin querer queriendo, ayudo a perpetuar estereotipos de género que tan duramente combatí.

Me vuelvo a preguntar: ¿qué me están diciendo mis hijos? ¿Que no podemos combatir la ideología dominante? ¿Qué mi ninja va a estar triste cuándo una princesa se quiera casar con él? Espero que no ¿Y mi pipesa? ¿Va a corretear a un “ninja” para que se case con ella? Espero también, que no. Mientras tanto, intentaré consumir menos Hollywood y más Manuela Ramos, menos subestimarlos y más explicarles directamente. Y así, poner mi granito de arena para criar hombres y mujeres libres de estereotipos y prejuicios que les impidan realizarse plenamente. 

1 comentario:

  1. Creo que es algo natural, los niños (hombres) no quieren casarse, está en su chip y nosotros las "niñas" siempre queremos ser rescatadas. Te apuesto que aunque no vieran nada en la televisión las niñas quisieran ser princesas.
    Por eso conversemos mucho con nuestros hijos y enseñemos la importancia de la familia, el amor y la unión.
    Un beso
    www.aquaoasis.com.pe

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