martes, 2 de diciembre de 2014

Debo estar haciendo algo bien

Es increíble cómo en momentos de la vida todo parece ir mal: proyectos que no se concretan, malas noticias, problemas/preocupaciones familiares, etc. Y, cómo de un momento a otro todo empieza a ir bien: llamadas sorpresivas con buenas noticias, cierre de tratos positivos, etc. Para mí, esta semana ha sido increíblemente buena. Después de varios meses de no tan buenas noticias y algunas decepciones, los astros se apiadaron de mí y esta semana sólo recibí buenas noticias.

Empezando la semana fue la clausura de la academia de natación de mi hijo. Nos recomendaron que hiciera natación por todos lados, pues ayuda mucho con el tono muscular y la integración sensorial, así que lo metimos. El día de la clausura, llegué justo a tiempo para ver cómo se tiraba - sin nada miedo - del podio y pataleaba a toda velocidad con su tabla. En la siguiente prueba, nadó como una bala pataleando y braceando como un campeón. No podía creer que era el mismo niño que sólo tres meses atrás tenía que nadar con boya y con su mamá dentro del agua (sí, las primeras semanas de clase me tuve que meter yo). Ahora, era una piraña feliz (todavía no está en nivel tiburón,jeje). Su miss lo felicitó, le dijo que estaba muy orgullosa de él y por supuesto, yo más.  

Luego, esta mañana – como nunca – dejé a mi hijo en el colegio. Pensaba dejarlo en la “bajada
rápida” y regresar a mi casa lo más rápido posible, pero me dio tanta ternura verlo chiquitito, muy bien peinadito y caminando con una mochila más grande que él, que decidí acompañarlo. En la puerta del colegio nos encontramos con su tutor, quien muy emocionado me comentó sobre lo bien que había escrito mi hijo el día anterior. Para variar, mi hijo como macho que se respeta no me había contado nada. Yo sólo sabía que había ganado un nuevo pin porque me enseñó la herida que este le hizo. Ya en el salón, su tutor se me acercó para comentarme sobre lo bien que le había estado yendo a mi hijo en clase las últimas semanas. Me enseñó el papel con la frase escrita, lo había hecho sin ayuda. Su profesor estaba muy feliz, y por supuesto, yo estaba más feliz aún. ¿Mi hijo? ¿El que no se podía quedar quieto en clase? ¿Sabe leer y escribir? ¿Mi hijo, el que tiene temas sensoriales? Hay una luz al final del túnel. Todavía no quepo en mi pellejo de la felicidad.

Más tarde fui a la entrega de libretas del nido de mi hija sándwich. Honestamente no me preocupaba para nada, pero igual jamás me imaginé recibir un informe tan bueno y una libreta con pura A, ¡¡sí pura A!! Mi “terrible 2”, y “súper terrible 3” es una campeona del nido. Hasta ahora no lo puedo creer.  Salí del nido saltando en un pie.

Llegué a mi casa, y me encontré a mi bebé. Alegre, gorda, linda y feliz corriendo por toda la casa. De que fue prematura no queda ni una huella. No pude más que sonreír  para mí misma y dar gracias a Dios por tantas bendiciones.  Me puse a llorar. Al fin me tocaron buenas noticias. Sé, que no siempre será así, que habrá semanas (o meses) en que todo será no bueno (por no decir malo). También sé, que con esto de los hijos es difícil saber si una lo está haciendo bien, eso no se sabe hasta muuuuchos años más adelante. 

No me atrevo a decir que lo estoy haciendo bien del todo, pero definitivamente sí me atrevo a decir que estoy haciendo lo mejor que puedo, que estoy dando lo mejor de mí. Y, estos pequeños logros, estos reconocimientos me indican que estoy por buen camino, me alientan y me dicen que algo, sí algo, debo estar haciendo bien. 

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