lunes, 22 de diciembre de 2014

Ya no me puedo enfermar, ahora soy mamá

Mi hija la segunda trajo uno de los virus más fuertes que he visto en los últimos tiempos. El virus del mal fue tan fuerte que contagió a sus hermanos, su papá, la nana, la chica de cocina, la primita que siempre viene a jugar y hasta el perro. Sí, no miento, mi pobre perrita también cayó. Todos cayeron menos yo. Estaba feliz, pues la enfermera oficial de la casa soy yo y al estar sana pude cumplir con mis obligaciones.

Hasta que, una madrugada me levanté muerta de frío y con un dolor de garganta terrible. Me abrigué, pero no pude hacer nada contra el dolor de garganta. Me costó un horror levantarme por la mañana y sentía que me había atropellado un tren. Me dolía la cabeza, me dolía el cuerpo y la garganta. Me sentía morir y lo único que pensaba era: “no me puedo enfermar, tengo mil cosas que hacer. No me puedo enfermar, ¿quién se va a encargar de todo?”.

Estoy segura que no soy la única a la que le pasa esto. Recuerdo la primera vez que me enfermé después de ser mamá; una amiga – que ya tenía un hijo – me dijo: “cuídate, es lo peor ser mamá y estar enferma”. Y tenía toda la razón. Y no sólo, porque las mamás siempre tenemos mil cosas que hacer, sino también porque cuándo la mamá se enferma, toda la casa se desestabiliza. No importa cuánta ayuda tengas (sea nanas, empleadas, familia, etc.) al final, siempre eres tú la responsable por todo. Y, no importa cuán mal te sientas o cuan cansada estés y si te dan descanso médico o no, nunca dejas tu “empleo” de mamá.


Y por supuesto, como no descansé de mi chamba de mamá, la enfermedad fue terrible. Hasta ahora sigo arrastrando el mal. Creo que se debe a que, cuando estaba enferma a pesar de sentirme morir, no llegué a realmente parar y descansar. Lo poco que descansé, no fue suficiente. Y, es que ahora que soy mamá no puedo parar,  así quiera hacerlo. El devenir de la vida me lo impide. Para este empleo no hay descanso médico que valga. Siempre pasa algo importante. Y, es que cuándo uno es mamá, de verdad que,  ¡ya no se puede enfermar! 

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