viernes, 28 de febrero de 2014

Orientación vocacional (sólo para mujeres)

Hace unos días estuve en una reunión con amigas cuyos hijos están en los últimos años de secundaria y están en toda la etapa de elección de carrera y de las famosas charlas de orientación vocacional. Muchos de ellos aún no se deciden, y las mamás –por supuesto- están ayudándolos  averiguando sobre las diferentes carreras y opciones de trabajo y estilo de vida que hay hoy en día. Es así que todas estábamos compartiendo nuestras experiencias universitarias cuando de pronto una amiga hace un comentario que me dio mucho que pensar. Dijo que si ella hubiera recibido una buena orientación vocacional, una orientación real y profunda jamás hubiera estudiado abogacía, porque aunque ama su carrera, y le encanta el derecho, en su opinión, la vida de un abogado, el estilo de trabajo de los abogados es totalmente incompatible con la vida de una mamá. Ya seas, abogado de estudio o corporativo, jamás saldrás del trabajo antes de las 6:00 p.m. y eso, para ella, es inadmisible cuando tienes hijos y sobre todo si estos son pequeños.

Su intervención desató un efusivo debate entre todas las presentes: todas, el 100% de las presentes habíamos dejado nuestras profesiones para dedicarnos a ser mamás a tiempo completo, pero la pregunta era ¿qué carrera debes estudiar si quieres ser profesional y ser una mamá full también? ¿Debes dejar de lado tu vocación? Hay carreras que por definición son más compatibles con ambos roles, carreras como la educación inicial, los diseños (industrial, modas, gráfico) son carreras que tienen horarios que se ajustan con los niños, o que te permiten trabajar como independiente. En general, lo ideal es elegir carreras, que te permitan tener tu propio horario y disponer de tu tiempo.
Pero, ¿qué pasa si tu vocación es otra? ¿Estudiarías una carrera que no te hace 100% feliz pensando en tu futuro como madre? 

Yo, NO. Y claro que me hablaron de los hijos, de la casa y lo difícil que es conciliar ambos, pero tenía 16 años y todas las ganas de comerme el mundo. Y es por eso, que estoy de acuerdo con mi amiga en que se necesita una orientación vocacional auténtica y efectiva. No sólo charlas dónde un profesional va y te haba de lo linda que es su carrera y lo bien que la pasa en su oficina. Lo ideal, sería que vayas a pasar el día con un abogado, arquitecto, economista, diseñador o lo que llame tu atención y veas si es eso lo que tú quieres hacer el resto de tu vida. Además, en mi opibión, en el Perú hay una tara dónde prácticamente a todos se les obliga a ser universitarios (pero ese es otro tema). Considero importante hablar, de forma franca y real con mujeres profesionales (porque los hombres… se la llevan fácil en esto del trabajo con los hijos) de cómo es su día a día, lo que han tenido que sacrificar y qué les gustarí
Modelo caminando con traje ejecutivo
a cambiar de su vida. Porque para llegar lejos profesionalmente, hay que sacrificar muchas cosas.

Quizá, si yo hubiera tenido esa conversación honesta me hubiera ahorrado la maestría. La carrera que estudié, la estudié precisamente porque no me gustan los horarios de oficina. A mí me encanta leer, escribir e investigar y el núcleo de mi carrera es eso. Pero, en algún momento me obsesioné con hacer un MBA (y aunque no entiendo bien porqué elegí eso, lo AMO con locura y pasión) y tengo un lindo e importante título que espero, algún día, usaré más provechosamente. Pero, a lo que voy es que probablemente hubiera hecho una maestría (me encanta estudiar) más acorde con mi carrera, con el estilo de vida que me gusta (sin horarios, sin oficina) y no sólo hubiera ahorrado plata (lo que es siempre bueno) sino también, me hubiera ahorrado un montón de sinsabores. Porque, no voy a mentir me dolió mucho dejar mi lado profesional ¡¡ayyyy! a veces todavía me duele!  Lo cierto es, y en eso todas coincidimos, que nuestra vocación de "desperate housewifes full time" (así en inglés suena más importante) es más poderosa, y eso con ningún test vocacional se cura. Y pensandolo bien ¿quién hubiera elegido este trabajo si hubiera tenido oportunidad de acompañar a una mamá full time durante 24 horas? 

lunes, 24 de febrero de 2014

Mamitis

- Mami, ¿qué significa mamitis?
-  Mamitis es cuando un hijo sólo quiere estar con su mami todo el día, sólo quiere jugar con su       mamá, acompañar a su mamá de aquí para allá y que su mamá lo bañe, le de comer, le haga           todo.
-   Ahhh, entonces, yo tengo mamitis. Porque quiero estar todo el día contigo mami.

Esta fue la conversación que tuve hace un par de semanas con mi hijo de 4 años mientras caminábamos juntos hacia el banco. Y es cierto, de un tiempo a esta parte está con una mamitis atroz: me acompaña cuando me ducho, cuando me cambio, cuando voy al baño, cuando voy a hacer las compras y hasta cuando quiero estar sola. Se pasa todas las noches a mi cama (es más, ahora se acuesta en mi cama) y me obliga (sí, obliga) a que yo haga lo mismo, ¿lo peor? Es que su hermana está en un plan muy similar. Así, que me paso todo el día con dos pequeños pegados a cada una de mis piernas y cuando quiero hacer algo que no los incluya tengo que esconderme, escaparme o peor aún, enfrentarme a horas de explicaciones, llantos y  negociaciones.

Honestamente, no entiendo que está pasando. No sé si es porque la hermanita está cada día más
Madre e hijo sonriendo felices
linda y rica y a sus 9 meses es toda una delicia o es que presienten, o más bien dicho, saben que en exactamente 13 días empezamos el colegio y toda esta vida de relajo y diversión se acaba. O quizá, sea ambos. Lo cierto es que este excesivo apego, sobre todo por parte del mayor está empezando a alterarme. No puedo hacer nada sola, tengo que escaparme (sí, lo siento psicólogas pero me escapo, ya no puedo dar tantas explicaciones y pasar hoooras despidiendome) porque lo cierto es que, incluso en mis momentos de relax, como por ejemplo cuando voy a hacerme la cera, hay un niño metido en mi cabina.  

Y esta mañana colapsé, tenía todo (según yo) listo y organizado para salir a las 9:00 a.m. de mi casa y eran las 10:15 a.m y seguíamos metidos en la casa. Yo tenía a un niño a mi costado que me perseguía por todos lados, no paraba de hablar, de enseñarme cosas y preguntarme mil cosas que no tengo ni idea y para colmo cuando me veía más frenética en mi paseo por la casa más fuerte me hablaba. Hasta que exploté y le grité con toda mi fuerza que se vaya de mi vista. No me arrepentí de haberle gritado, estaba furiosa, agotada y muy frustrada. Seguí haciendo mis cosas, para por fin terminar, salir y cumplir con las mil cosas que tenía programadas. Cuando veo a mi hijo que, sin hacer caso a mi advertencia, estaba a mi vista saltando con toda su fuerza para llegar hasta un cuadro. Lo vi tan contento saltando, que no pude evitar enternecerme y darme cuenta de lo pequeñito que es: no llega a alcanzar los cuadros, tiene que poner un banquito para lavarse las manos, vive en un mundo dónde la fantasía y la realidad se entremezclan y, sólo quiere estar conmigo, conmigo, conmigo, conmigo y por mucho que eso agote, tengo suerte. 

Él y sus hermanas son el eje de mi vida y también el principal motivo por el que esta mañana estaba histérica tratando de salir lo más temprano de la casa para disfrutar de nuestro día de playa y pasarla lindo: jugar en la arena, bañarnos en el mar y en la piscina y que todos puedan cumplir con sus horarios de siestas y de comidas (sí, como buena neuro cumplo los horarios estrictamente y evito malhumores, llantos y estreses).

Y, fue entonces cuando me di cuenta que no era necesario esperar a llegar a la playa para pasarla bien. Me zurré en mis organizaciones neuróticas, me relajé y empecé a divertirme con las lindezas y ocurrencias de mi hijo, me reí (pero de verdad) con sus chistes, canté a todo volumen las canciones de la Cenicienta con la segunda y la pasé genial. Al final, terminé saliendo prácticamente a las 11:00 a.m. pero sin llantos, ni gritos, ni tristezas sino, con risas, juegos y alegría.  Y me di cuenta de algo que, a veces por querer hacer todo perfecto y querer que mis hijos se ajusten a mis perfecciones se me olvida, se me olvida disfrutar y yo disfruto mucho con mis hijos porque yo… yo sufro de un severo, agudo y crítico caso de ¡hijitis!

martes, 18 de febrero de 2014

¿El trabajo o la casa?

Reproduzco acá un mail que me mandó una mamá muy mortificada, pues había leído en el muro de FB de una amiga suya una dura crítica a las mujeres que dejan sus carreras y profesiones por quedarse en casa y cuidar a sus hijos. Es cierto que quienes optamos por esto recibimos (me incluyo, pues dejé el mundo corporativo por ser una mamá full time) duras críticas debido a nuestra elección (sobre todo de mujeres de “vanguardia”). Yo ya tuve mi propia disertación (¿Es posible tenerlo todo?)

Pero, ¿qué pasa cuando no hay otra opción y debes trabajar? ¿Criticarás también, a las madres que sólo cuidan a sus hijos? Acá, esta NeuroMamá analiza y reflexiona sobre este y otros asuntos alrededor de la maternidad y el trabajo.


“Hace ya algún tiempo, exactamente 11 meses y tres semanas, que caí en cuenta que las mujeres nos dividimos en 2 grupos. Las que cuidan su casa y sus hijos, y las que cuidan su vida profesional. Lamentablemente en este país subdesarrollado no existen licencias de maternidad de 1 año, no existen trabajos de medio tiempo y no existe el home-office (no existe, lo puedes hacer pero tu jefe terminara haciéndote a un lado porque "no trabajas", - lo he visto en primera fila. Entonces, al hacerte madre te ves en la encrucijada de tu vida: ¿cuidar a los hijos, o continuar trabajando y delegar esta tarea?

Personalmente decidí cuidar a mi familia, es lo que me hace feliz, me siento realizada entregándome por completo a la crianza de mi bebita, eso sin mencionar que soy una neuro-mama incapaz de delegar la crianza de mi hija a una desconocida, siendo que mi hija es lo más importante para mí en esta vida. Pero la vida da vueltas y me lanzó indefinidamente al grupo de madres trabajadoras, mi esposo se independizó y me necesita en la oficina. Ahora tengo una nana y trabajo a 1 cuadra de mi
casa, me reparto como puedo, diría que hago malabares pero se queda corto: me multiplico por mil y soy la reina del multitasking, y así y todo no cumplo al 100% con mi trabajo (si mi esposo no fuera mi jefe sería imposible), y una vez por semana puteo porque fue la nana quien vio a mi hijita dar ya no 6 sino 8 pasitos seguidos sola por primera vez. Si pudiera tiraría todo y me dedicaría a cuidar mi familia, disfrutar a mi hija, cuidarme a mí, a mi marido, dormir mejor, ver más a mis amigas, ir al gimnasio, tener sexo sin pensar en que ya es tarde y estoy perdiendo horas de sueño, comer más sano, bañarme en la piscina un buen miércoles… básicamente a ser feliz, porque para eso estamos aquí ¿cierto?

Entonces ahora me pregunto… ¿por qué muchas madres trabajadoras despotrican contra quienes pueden y quieren dedicarse a su familia? No logro entender porqué las califican de "vagas" o "poco productivas", cuando el mejor legado que puedes dejar en esta vida son tus hijos. ¿Por qué delegar la crianza de tu hijo a otro? ¿Para que vaya a un mejor colegio? Y ¿qué pasa si no es un mejor colegio lo que necesita? Y, ¿qué pasa si lo que necesita es pasar más tiempo con mamá y papá? ¿Por qué la necesidad de muchas mujeres de tener su "propia plata"? ¿Qué significa eso? ¿Se casaron con separación de bienes? La plata de mi esposo es de los 2, y para ser sinceros es más mía que suya. Somos un equipo en esto, somos un equipo desde el momento que decidimos juntos traer a este bebe al mundo, es más, somos un equipo  desde que decidimos pasar el resto de nuestros días juntos. ¿Por qué tanta crítica a quiénes optaron por lo que –en mi opinión- es la mejor decisión? Si pudiera, estaría ahora en casa con mi bebé disfrutando el ser mamá.

En fin…, no quiero desatar una guerra acá. Creo que cada uno debe hacer lo que le haga feliz. Pero, por favor ya basta con la crítica a las mamás full time, porque estoy muy segura que ellas también tienen muchas y muy duras críticas para aquellas que decidieron escoger la oficina sobre la casa y los hijos, pero andan tan ocupadas que ni tiempo para eso tienen.                                        (D.S.R)


domingo, 9 de febrero de 2014

Nostalgia por un pañal

Ahora que es momento de entrenar a mi segunda hija para que deje el pañal me ha entrado un poco de nostalgia: mi pequeñita será una niña grande, no más una bebé, sino una niñita cada vez más autónoma. Sólo me quedará una bebé con pañal en casa, y pronto seguro que ninguna. Sí, sí; sé que debería estar feliz y celebrar que crecen y dejan etapas, pero no puedo evitar sentir un poco de nostalgia por la etapa que se acaba y el hecho de que ya no voy a tener a mi bebé segunda.   

Así, melancólica como estaba me puse a recordar el día que llegó mi hijo mayor al mundo y con la ansiedad preguntaba por todos lados, y ¿qué hago? ¿Cómo se cambia un pañal? ¿Cuántas veces le cambio de pañal? ¿Qué pañal uso? ¿Cuál es el mejor? Las respuestas no se hicieron esperar: cambiaba pañales un promedio de 8 veces al día los primeros días (así que este es el número de pañales que hay que cambiar, mmmm), probé con varias marcas, diseños y modelos y también descubrí que cada etapa es distinta y sin darme cuenta tenía un stock de más de 50 paquetes de pañales de distintas marcas, modelos y tallas.

Ya cuando nació mi hija la segunda yo era toda una madre experta. Sabía que los primeros días cambiaría un horror de pañales, sabía que existían pañales y productos para los primeros 100 días de nacidos y también sabía que por todo lo anterior, que no pararía de chambear los primeros días. No me compliqué y a todos los que me preguntaban que regalar a la nueva bebé, les pedía pañales y útiles de aseo y similar: cosas prácticas. El tiempo fue pasando, y mi pequeñita pasó de ser talla RN, a talla P (ese cambio fue en 10 días, increíble ¿no?), luego G (en esa duró bastante), luego XG (¡ya estaba grande!) y finalmente es una XXG. Cada cambio de talla pera mí era un hito, y lo sigue siendo ahora con mi nueva bebé, cada cambio de talla me hace sentir bien, es como si me dijeran: muy bien, tu bebé está creciendo, está engordando, estás haciendo un buen trabajo. ¡Felicitaciones!

Ahora que mi segunda va a dejar el pañal, es lo mismo: está creciendo, está engordando, está cada día más mosca y cada día es más una niña grande y menos un bebé; es un hito. Y yo, me siento feliz por eso, por verla crecer, verla volverse más independiente, desarrollar sus propios gustos y llevar a cabo sus propias ideas. 

Me preparo para decirle (nuevamente) adiós a una etapa de pañal. Y no puedo evitar que me dé pena. Claro, me alegro porque, al igual que cada cambio de talla en el pañal, significa que mi bebé está creciendo, se está haciendo más grande, fuerte y más hábil y cómo mamá, es un recordatorio que lo estoy haciendo bien (ufff), lo estoy haciendo lo mejor que puedo. Sin embargo, no puedo evitar sentir pena y nostalgia por esa etapa que se va. Mi bebé, ya no es más una bebé y se está convirtiendo en una niñita. Una niñita linda, terca y muy inteligente a la que adoro con todo mi corazón.

viernes, 7 de febrero de 2014

Un tercer hijo: ¿se puede?*

Colaboración para el portal Padres de Hoy: padresdehoy.com.pe

Cuando nació mi primer hijo recibí felicitaciones por todas partes. Me deseaban mucho éxito, me hablaban de lo maravillosa que es la vida con hijos y similar. Claro, no faltaron los aguafiestas que me auguraron noches de terror por el resto de mis días y me contaron las más tristes historias de muertes súbitas y nanas de espanto. Cuando nació mi segunda hija, también; recibí miles de felicitaciones, regalos y demás. Además, mi hija la segunda me agarro inmune a los comentarios asustadores y a las historias de terror, sin contar que ya era una experta en cambiar pañales, dar teta de madrugada y funcionar como un zombie durante el día.

Cuando nació mi 3era hija las felicitaciones empezaron a escasear y en su lugar aparecieron preguntas y comentarios tipo: ¡¡¿Estás embarazada de nuevo?!! ¿Estás loca? ¿Eres del Opus Dei?! ¡Eres una salvaje! ¡¿Cuántos vas a tener?! O ¡Compren un televisor! Y algunos más bárbaros, del tipo: ¿supongo que este será el último hijo, no? ... Si supieran que secretamente anhelo un cuarto.

Cuándo los comentarios venían de amigas de confianza me reía y seguía la corriente, pero cuándo no. Me sentía vulnerada; sobre todo porque muchos eran del tipo: “ahora van a ver lo que es bueno, ¡tres! Ya los voy a ver”; “Te vas a volver loca, no vas a poder”. “Ahora sí te fregaste, no vas a jalar”. ¿Cómo vas a pagar 3 colegios tan caros? ¿Me estaban amenazando?  Nada de felicitaciones, nada de buenos augurios, sólo críticas y comentarios sarcásticos.

Lo cierto es que sí, un 3er hijo es más chamba (obvio) y también implica un cambio de logística como en mi caso en dónde todos son seguidos (El mayor y la segunda se llevan 2 años exactos y la segunda y la 3era 1 año y 7 meses). Tuve que cambiar de carro: una camioneta con 3 hileras de asientos para poder entrar con car seats, nanas y coches; tuve que meter a mis dos hijos mayores a un cuarto para que la bebé duerma sola porque obvio se levanta (hasta ahora 8 meses más tarde) y por supuesto, ni hablar del desgaste físico y sobre todo emocional que implica tener que dedicar atención y calidad de tiempo a 3 pequeños. Sin contar que en el ínterin hay que lidiar con los celos de los dos mayores, las mil cosas que trae el organizar una casa (yescribir un blog) y el cansancio que se eleva a la exponencial cuando tienes a tres pequeños.

Pero, si algo bueno tiene el tercer hijo es que te coge ya experta, prácticamente inmune a las “advertencias”. Te coge segura, fuerte y sin preocupaciones bobas y culpas por pasar menos tiempo con los que llegaron primero. Ya no más mamá torturada porque destronaron al mayor y se muere de celos, no más mamá culpable porque no le puede dedicar tanto tiempo a la nueva bebé como se lo dedicó al mayor o a la segunda. Bienvenida mamá plena que sabe que es una chamba díficil, que se va a partir en tres y así y todo nunca será suficiente. Mamá tranquila que goza con los momentos únicos que tiene con cada uno de sus hijos, una mamá que se raja y sabe que incluso cuando se raja, no todo va a salir como quiere. Una mamá que disfruta a mil los momentos con sus hijos, una mamá que aprendió a organizarse y distribuirse para tres.

¿Se puede? Claro que se puede. ¿Es fácil? No, no lo es. ¿Qué cosa buena en la vida es fácil?  ¿Me estoy volviendo loca? Creo que ya estaba loca antes, así que no va por ahí. jajaja ¿Lo mejor? Una bebé segura, alegre, independiente, sin complejos, risueña y juguetona que sabe que su mamá la ama y adora aunque no pueda estar físicamente con ella tanto como las dos quisieran.