jueves, 24 de julio de 2014

El viaje de mis sueños

Ya empezaron las vacaciones de fiestas patrias y veo al 90% de mis contactos de Facebook cumpliendo con los viajes de sus sueños: viajando por todos lados, ya sea fuera del país, dentro o, aunque sea, preparándose para salir de su casa a pasar el día. Me acuerdo de cuando era chica y esperaba con ansias estas vacaciones. Los viajes familiares eran lo mejor. Claro, no siempre se podían hacer, pero por lo menos salíamos fuera de Lima en estos días. Me encantaba estar con mis papás y mis hermanas en un sitio nuevo y diferente. Estas salidas son unos de los recuerdos más bonitos que guardo.

Ahora que tengo mi propia familia y estamos en las vacaciones largas de julio, añoro mis viajes familiares. Me gustaría pasar más tiempo con mis papás y hermanas. Pero, la vida es así, los hijos crecen y forman sus propias familias. Así, que aquí estoy yo, con mi pequeña familia, deseando recrear en ella recuerdos semejantes a los que mis papás crearon en la suya. Y… deseando que el mejor recuerdo sea con el viaje de mis sueños.

No les voy a mentir y dármelas de patriota diciendo que, el viaje de mis sueños es dentro del Perú. Tampoco, que es a un sitio de Europa muy cultural, o a un destino asiático muy exótico. No, lo siento mucho. El viaje de mis sueños es al sitio más trillado del mundo, - cómo diría mi amigo Max- a lo más bajo de la cultura popular y quizá lo menos patriótico, exótico, cultural e histórico que existe. Pero… que a mí (y a millones de personas en el mundo) fascina y genera una expectativa e ilusión tremenda… ¿adivinaron? … es ¡¡Disney!! O para ser más exacta, ¡¡Walt Disney World!!

NeuroMamá Blog con su hijo frente al castillo de Disney World

Sí, no voy a mentir. El viaje de mis sueños es recorrer todos los parques con mis 3 hijos y mi esposo. No me importan las colas, no me importa caminar, no me importa el calor. Desde que nació mi primer hijo sueño con ir. Sueño con ir solitos nosotros 5 y quedarnos en algunos de los hoteles dentro del mismo complejo Disney. Quedarnos por lo menos una semana para poder recorrer absolutamente todos los parques una vez  y algunos – como Magic Kingdom- incluso dos veces. He averiguado todo, absolutamente todo (está en Pinterest Pinteres clic acá): las mejores fechas para viajar, los días con menos gente, los mejores hoteles para familias numerosas (mi familita de 5 es considerada numerosa en estándares gringos), los días de menos calor, los paquetes más baratos, etc. etc.


Me hace mucha ilusión ir, todavía no tengo fecha aún pero espero que sea pronto. Quizá el próximo año… cuando mi bebé ya tenga dos, o el prox-próximo cuando ella ya tenga 3 y sus hermanos 4.1/2 y 6.1/2 y hacer cola no sea tan tormentoso. Ojalá, ojalá. Mientras tanto, sólo me quedo soñando, imaginando y planeando (y también pineando) para cumplir con el vaje de mis sueños… y también, mientras tanto, paseando con mis hijitos y mi esposo cerca de Lima para generar esos bonitos recuerdos familiares que nos acompañaran por el resto de nuestras vidas. 

martes, 15 de julio de 2014

¿Cuánto tiempo duran los terrible two?

Esta pregunta me está dando vueltas a la cabeza bastante seguido últimamente. Me hago esta pregunta TODAS las mañanas cuando tengo que perseguir a mi hija de 2 años y 8 meses por toda la casa para quitarle la pijama, o cuando llora en las noches porque no le gustó como le agarré el pelo mientras la bañaba, o cuando al recogerla del nido se trepa al tobogán, se quita los zapatos y decide que no bajará de ahí hasta que… que… le dé la gana. Ya he escrito sobre esto antes (Nina, y los terrible two) y quizá por eso es que ahora esta pregunta me ronda la cabeza.  Hay días en que me siento la peor mamá, hay días que me siento más mala que Hitler y, hace más de 8 meses que empezó esta situación y yo pensé que ya había terminado!!   
¡Ño quielo! Traducción: ¡¡No quiero!!

Claro, como todo en esta vida, hay días. Hay días en los que le dedico el 100% de mi atención y las cosa es fácil, hay días en los que incluso enfocándome en ella al 100% tengo llantos y pataletas terribles. También hay días que son fáciles sin que yo hago nada en particular. No sé, si es por los terrible twos o porque es el sándwich (como escribí acá), o quizá sea ambos, pero hay días –cómo hoy- que estoy tentada de llamar a un sacerdote y pedir un exorcismo. Y, no sólo para ella, si no también para el mayor que se contagia de su mal humor y se porta incluso peor.

Entonces me pregunto ¿cuándo se termina? Pensé que se acabaría cuando este cerca a cumplir 3 años. Pero, le faltan menos de 4 meses y seguimos en las mismas. Los expertos dicen que rara vez termina a los 3 años (¡yay!) (expertos acá y acá) y el tiempo de duración puede ser hasta de ¡dos años! pero definitivamente, se vuelve más fácil a medida que los niños empiezan a madurar, verbalizar más y a comunicar mejor sus ideas y opiniones. Esta es una edad crucial, pues los niños comienzan a mirarse cómo seres independientes y autónomos. Es una edad deliciosa también, o a ¿quién no le encanta cómo es que su pequeño/a empieza a hablar como un loro, moverse por todos lados, gritar, cantar, bailar? Yo babeo por ella, mientras canta “Libre soy” a todo pulmón. Una delicia… tan deliciosa, como terrible y llorona.

¿Qué podemos hacer? En mi experiencia con mi hijo mayor, cuyos “terribles dos” hacen que esta etapa de mi hija la segunda quede como un paseo por la playa, lo mejor es mantener la calma, ser firmes y olvidarnos de la vergüenza que nos da que estén haciendo esa terrible pataleta en medio de la calle/frente a todos nuestros amigos/pon la situación que más vergüenza te de acá y, calmadamente y con pocas palabras les ayudemos a contenerse. Según los expertos, es importante hacerles notar que somos NOSOTROS quienes controlamos la situación, y no cederemos a sus caprichos y desafíos. ¡Qué fácil!

No es fácil. No, nada fácil. Esta es una etapa importante en el desarrollo de nuestros hijos y cómo tal, tiene innumerables retos. ¿Mejora? Sí, definitivamente se pone mejor. ¿Cuándo? Como todo en esta vida, depende. Depende de cada niño. Y si tienes suerte, tienes más de un hijo y te encanta la aventura, una vez terminan los “terrible two”, lentamente ingresan los temibles 4, que se supone es… la adolescencia de los niños... y ¡buena suerte! 

¿Quieres consultar más sobre los expertos? Webs en español:  Acá, acá y acá

miércoles, 9 de julio de 2014

¿Y los límites?

A propósito de un post que escribí un tiempo atrás y que sin quererlo generó bastante desasosiego en algunas personas que me conocen, creo que es necesario aclarar sobre los límites que tenemos todos como seres humanos, y que el sentido final de este post y todos (o la mayoría) de los post que escribo es reflexionar sobre lo que observo y vivo como madre. Poner mis inquietudes y fastidios sobre la mesa, ya sea, para reírnos, asustarnos, reflexionar y ¿por qué no? incluso, llorar.

El problema con el post que menciono: La más metiche del salón, es que se quedó ahí, en ser simplemente un post que generó un poco de bulla chismosa con mala intención. No generó la reflexión ni el autoanálisis necesario de un tema tan común y preocupante cómo es, el “ser metiche”. Pues, yendo un poco más allá de la palabrita graciosa e hiriente, el ser metiche o metete, significa no tener límites: no saber cuándo parar, no saber hasta dónde llegar, no saber respetar el espacio ajeno, la voluntad del otro, zurrarse olímpicamente. Es, en cierta manera, vivir con una falta de respeto constante al otro (sea un otro colectivo o individual) para hacer siempre lo que nos place y sin saber cuándo parar.
NeuroMamá Blog and son wearing glasses sporting a badass attitude
Preocupante, ¿no? Pues sí. El problema con estas madres “sin límites”, además que es un problema lidiar con ellas, es que suelen educar a sus hijos, también sin límites. Pero, ojo acá que éstas madres, no son las únicas que crían a sus hijos así. Cada vez hay más madres y padres que crían a sus hijos sin límites, sea porque tienen remordimiento de conciencia por verlos poco, o porque creen demasiado firmemente en una “crianza libre y sin control”, o simplemente están muy ocupados haciendo cosas "más importantes". Así, tenemos cada vez más niños criados sin límites claros, ni reglas básicas. Niños que no tienen hora de ir a dormir, ni hora de levantarse, niños para los que no hay un límite en la cantidad de televisión que pueden ver, o la cantidad y contenido de videojuegos que pueden jugar. Niños para los que no hay un límite en lo que pueden pedir, y en lo que se les puede comprar y en los casos más preocupantes, no hay un límite en lo que se puede y permite hacer. Niños que no saben ni entienden de respeto al otro.

Vamos,  me dirán algunos, ¿pero qué tiene de malo? Ya de grandes aprenderán. Yo les pregunto ¿cómo aprenderán si nadie les enseña? ¿en qué momento aprenderán límites y respeto si cuando son pequeños los padres no se lo enseñan?¿Peleándose con otras personas que no se  dejan someter a sus reglas y caprichos? Y, ¿qué va a pasar cuándo se encuentren con otro sin límites en el camino?   Me preocupa ver que hay cada vez más de estos niños a los que sus padres no les saben decir NO. Me preocupa ver cómo hay cada vez más mamás que rápidamente, se someten a los caprichos de sus hijos sólo para evitar un berrinche o un mal rato. Estoy de acuerdo en que el amor a los hijos debe ser sin límites, pero sí debe haber reglas y normas de respeto que ellos estén obligados a cumplir. Hay que saber enseñarles cuándo deben parar y cuándo, la respuesta es simplemente NO. Deben entender que hay límites. Si no, ¿qué estamos criando? al próximo o próxima “bully” de la promoción, o al próximo o próxima más “metiche” del salón. Y, estoy segura que eso es algo, que nadie quiere.