miércoles, 14 de enero de 2015

La loca de la casa

Año nuevo…,  vida nueva, novio nuevo, chamba nueva ________ (pon acá lo que más quieres que sea nuevo). En mi caso, este año nuevo empieza con la determinación de conseguir una loca de la casa nueva. Ya no voy a ser yo. Ya no quiero ser yo la loca de la casa. ¿De qué hablas? Se preguntarán.  Pues, que en el 2014 – particularmente en el último trimestre del 2014 – yo me gané el premio a la más loca gritona de mi casa, superando a mi esposito, quien es un fuerte rival. Y quizá, también gané el premio de la más loca gritona de la cuadra, pues mis gritos el año pasado han sido épicos.

Si pues, haciendo un análisis crítico de mis debilidades en el último año está el haber perdido excesivamente la paciencia y haberme vuelto una gritona, sobre todo con mis hijitos. Yo no era así, lo juro. Tampoco voy a mentir y decir que jamás en mi vida he renegado. Claro que sí, y claro que perdía la paciencia, pero tenía más control sobre mí misma y eran menos las cosas que me inflamaban.  Quizás es por la edad, quizá ya me estoy volviendo una vieja renegona. O quizá fue una consecuencia de lo cansada que estuve los últimos meses del año (post acá).

Sea por lo que fuere, mi determinación de este año es no volverme a llevar ese galardón. No me gusta ser una loca gritona, una renegona cuyos hijos sólo obedecen cuando ella grita. Aunque debo confesar, que en mi casa mis gritos funcionan como magia: cuando nadie hace caso, nadie cumple con sus deberes, un par de gritos y ¡zaz! todos obedecen, claro, después me entra remordimiento o me siento mal cuando mis hijitos de 3 y 5 años me dicen: “No te molestes Ma, no te molestes conmigo.”  Es que no estoy molesta, sólo necesito gritar.

No quiero tener ese tipo de relación con mis hijos, no quiero que tengan esa imagen de mí y mucho menos quiero que mi esposo (el ganador absoluto del premio en todas las ediciones anteriores)  me mire extrañado cuando de pronto entro en crisis porque se pasa la hora de dormir y todavía no se han lavado los dientes, el cuarto no está ordenado y para colmo piso un lego maldito que me hace ver a Judas bailando…. 

No quiero eso, este 2015 quiero (y trabajaré duro para lograrlo) que mis hijos obedezcan sin gritos, utilizaré mis mejores armas de disciplina positiva para ello. También quiero, organizarme mejor para no andar estresada corriendo por aquí por allá, pues eso influye en mi explosividad. También, pediré ayuda a la gente que trabaja en mi casa para cumplir  con mantener más el orden, y por último, regresaré a hacer deporte para volver a mi estado zen y vivir en tranquilidad…


Aunque pensándolo bien, creo que nunca tuve un estado zen. Ayyy, que Dios me ayude. 

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