jueves, 26 de febrero de 2015

¡Tienes que jugar fútbol!

Este verano decidí matricular a mi hijo en una “clínica” de fútbol, en una de esas academias de equipos europeos que vienen por unos días y les enseñas técnicas básicas de fútbol a los chicos. Lo metí no porque mi hijo sea un gran apasionado del fútbol, o un crack que quiere afinar sus técnicas, si no porque – cómo bien lo dijo la mamá que me pasó la voz de la academia – “necesita nivelarse para estar más parejo con el juego que tienen los de su edad”. Así de simple.

Y es que sí, en cuánto a fútbol mi hijo está en nivel cero (por no decir negativo) y quienes tenemos hijos hombres y vivimos en Lima-Perú sabemos cuán trágico es eso. A partir de los 7 años los niños viven, comen y respiran fútbol: en fiestas infantiles, en el recreo, en casas de amigos, en el verano, en la playa... En fin, el fútbol es básico en la socialización masculina en este país y un niño que no juega (aunque sea algo), no la pasa muy bien. Felizmente para mi hijo, todavía tiene 5 y en mis manos (y en sus pies) está el revertir esta situación.

Cómo socióloga sé que es imposible escaparse e “ignorar” las normas sociales del grupo. Cualquier intento por tratar de evadirlas y cambiarlas es vano e inútil, quienes lo intentan son “castigados socialmente” y no quiero ver a mi pobre hijito inmolarse intentado hacer que la natación o el tae-kwon-do (sus deportes) sean considerados súper cool en el colegio. No me interesa que mi hijo sea el más cool (ver post: Quiero que mi hijo sea el más cool), sino simplemente quiero que la pase tranquilo, que tenga amigos, invitaciones, una vida social… y que no tenga que luchar a diario por conservar su lonchera.

Con su uniforme, definitivamente mete miedo
Felizmente para él, sí le gusta el fútbol y sus dos mejores amigos del colegio también se matricularon en la clínica (la unión hace la fuerza, dicen) así que no fue difícil convencerlo de que vaya. Aprendió bastante y lo disfrutó mucho, por supuesto, más lo disfrute yo al ver como progresaba en el fútbol y aprendía unos cuántos trucos que – espero - le permitan sobrevivir en el colegio.


Sin embargo, cómo soy una Neuro_mamá total y no tengo nada mejor que hacer que preocuparme por mis hijos y sus temas, he visto que las aptitudes de mi hijo para el fútbol son casi tantas como las mías para el bordado y tejido, así que he decidido matricularlo en una academia de fútbol con mucha calle y mucho “sabido”, ¿no dicen que la práctica hace al maestro? Sé que mi hijo irá feliz pues un amiguito también se va a matricular (¿ven? ¡No soy la única neura!) y si no le gusta, pues piña porque este año el mandato es: ¡tienes que jugar fútbol!

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