martes, 17 de marzo de 2015

¡Bienvenida a la jungla!

La semana pasada todos los niños del Perú empezaron el colegio, esto incluyó por primera vez a mis 3 hijos. El mayor al colegio y las dos chiquitas al nido. Así, muy contentos todos empezamos un nuevo año escolar. Los dos mayores sin ningún contratiempo, más bien muertos de ganas de ver a sus amigos. La pequeñita en cambio, sí sufrió un pequeño shock. Y el shock no viene por acostumbrarse a la rutina del nido, ni por tener que quedarse con desconocidos toda una mañana, no por ahí no va su tema. Es más, siendo la tercera es sumamente independiente, ya conoce de memoria el nido, sabe cuál es el salón de su hermana y varias misses le tienen camote por ser la última representante de nuestra familia.

El shock va, porque aún no domina los códigos de socialización que se manejan en el nido. Para empezar, ella va al nido con una agenda propia: jugar en el pozo de arena lo más que se pueda, asistir a la hora de la lonchera, y por último seguir jugando en los juegos. Sólo se queda en el salón cuando la actividad lo amerita. No le interesa entrar al salón ni obedecer a la miss, ni compartir con sus compañeritos. En pocas palabras: ella va a hacer lo que se le da la gana.


Y así, haciendo lo que se le da la gana es que va a la poza de arena o a la zona de juegos, o a cualquier otra área de juegos del nido sin tomar en cuenta que en los nidos rige la popular y conocida: ley de la jungla, en dónde gana el más fuerte, el que más pega, el que quita más rápido o que el llora más fuerte y consigue más rápido la atención de la miss. Y, esto es lo que aún le cuesta mucho comprender a mi pequeñita.

Siendo la bebé de la familia está acostumbrada a que su hermano mayor la engría y la trate con una paciencia de santo: le presta todos sus juguetes, la ayuda a hacer castillos de arena, le da las cositas que ella quiere usar, en fin. Todo lo que se espera de un buen hermano mayor. La cosa no es tan fácil con la segunda, pero siempre hay un adulto presente velando por sus intereses. Acostumbrada a esta dinámica es que ha sufrido ya varios quiñes, pues ella (inocentemente) piensa que todos los niñitos más grandes son como su hermano y le van a permitir todo lo que ella quiere.  Lo cual, no sucede. Los niños le arranchan los juguetes, la empujan si se mete a su zona y algunos incluso le tiran arena.

Los primeros días han sido muy duros para ella, pues no comprendía esta dinámica de comportamiento y me miraba desconcertada cada vez que no se salía con la suya o cuando alguien la agredía. Por supuesto, yo estaba ahí para impedir mayor daño pero, no hay mucho que yo pueda hacer. Los dos primeros días para ella, fueron ensayo, error. Tantear si había algún buenito por ahí que la dejara jugar (siempre hay), pero en general rápidamente comprendió las reglas básicas: ser rápida y estar atenta.

Con estas lecciones aprendidas se está quedando sola (sin mamá ni nana) y por lo que me cuenta la miss, poco a poco está empezando a utilizar lo que aprendió gracias a su hermana la segunda: a defenderse y recordar que en la ley de la jungla, no necesariamente gana el más fuerte, a veces, gana el más astuto.  ¡Buena suerte Kika! ¡Te queremos!

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