martes, 11 de agosto de 2015

Si tu bebé no duerme, es tu culpa

O, Porqué el método de Ferber es mucho mejor de lo que piensas
A continuación reproduzco una carta que me envió mi hermana hace unos días a propósito del tan de moda “colecho”. En la mayoría de blogs y revistas de maternidad las madres y especialistas abogan por el colecho y alientan el dormir todos juntos en la misma cama. De igual manera se oponen drásticamente al popular método del Dr. Ferber. A continuación, una carta de una mamá que se opone al colecho y está a favor “del método”. Muy interesante.

Querida NeuroMamá,
A ver si lo publicas por favor. Desde que soy mamá y tengo amigas y conocidas mamás he notado que existen posturas bien extremas en lo que se refiere al sueño de los bebés. Veo constantemente posts en facebook que hablan de lo normal que es que el niño duerma mal y posts que incentivan enormemente el colecho. Yo tengo una postura completamente diferente a las mamás colecheras y a la tuya NeuroMamá por eso me animo a escribir. Porque estoy segura que no soy la única con una posición diferente.
Antes que nada tengo que empezar por contar que di a luz a mi primera hija en São Paulo, no tengo familia ahí, por lo que estuvimos mi esposo y yo solos. Mi mamá me visitó el primer mes y luego mis hermanas. Tuve compañía los 2 primeros meses. Fuera de mis visitas no tenía nana ni empleada, Una chica iba a limpiar 4 veces por semana de 7 a 3pm y esa era toda la ayuda que recibía. A mi hija la cuidamos mi esposo y yo. Yo full time porque no trabajaba. Cuando ella tenía 6 meses volví a Lima, y me di cuenta de muchas particularidades de las peruanas (y me excluyo porque en cuanto a la maternidad mi pensamiento se aleja bastante).

En São Paulo cuando lleve a mi hija a su primer control la primera pregunta del pediatra fue como estaba yo: cómo me sentía yo, cómo dormía yo, cómo comía yo, cómo iba al baño yo; sho, moi, myself, NO la bebe. Es que en Brasil el cuidado a la mamá es importantísimo. Y la verdad que yo estaba pésima. Fiel a la escuela de mi madre estaba 100% dedicada a mi hija. No sólo no me cuidaba, sino me descuidaba, algunas veces, no me bañaba, no me quitaba el pijama y me saltaba comidas. Además dormía con la bebe en el cuarto por lo que dormía poco o nada. El doctor ¡me regañó! me explicó que primero que nada debo de cuidarme: si los que cuidan al bebe no están bien, física y emocionalmente no hay como atenderlo bien, y regañó a mi marido de paso. Luego me hizo una pregunta que recuerdo hasta ahora "¿por que a las peruanas les encanta dormir con sus bebes?". ¿¿Qué??? ¿No son todas las madres del planeta las que duermen con el bebe en el cuarto? Bueno pues, descubrí que no es así. Es algo más bien cultural (y muy propio de las peruanas).

Verán, existen diferentes costumbres en diferentes culturas, y en Brasil se busca dar al niño la mayor independencia posible, inclusive existe una frase que las mamás usan con mucha frecuencia "que se vire sozinho", es decir, que se las ingenie solo. La mamá no duerme con el bebe ni usa monitor, duerme en el cuarto de al lado. Lo que sucede es que el bebe aún no diferencia el día de la noche y puede estar despierto o hacer popo a las 4 am y eso NO significa que necesite a la mamá. Él puede estar solito, feliz y campante, haciendo ruidos o moviéndose tranquilo. Pero, si duerme en tu cuarto, tú escuchas TODO y no puedes dormir lo suficiente. Además cuando un bebe llora, sea día o noche, te dicen que le des un chance de calmarse solo, eso no quiere decir que se pone a llorar y te vayas a la calle, sino que si estas en el baño y empieza a llorar no tienes que tirar todo  y correr a cargarlo, puedes hacerlo con calma, nada le va a pasar (asumiendo que está en un lugar seguro).

Para mí que el niño aprenda a dormir independientemente es un regalo para él. Que mi hijo pueda cerrar sus ojitos y dormirse, que no necesite que lo paseen, que no tengan que mecerlo, que no necesite dormirse con mi teta, que no necesite que esté a su lado para que pueda dormir tranquilo, es para él. Eso no significa que lo quiera menos que los colecheras. Desde mi punto de vista significa que lo quiero aún más, tanto que no quiero que me necesite, tanto como para sacrificarme entrenándolo. En el caso de un bebe que se despierta durante la noche una o dos veces, o a veces más, ¿No sería maravilloso que se despierte voltee su cabecita, cierre sus ojos y se entregue al sueño sin llorar, sin necesitar teta o sin necesitar paseos? ¿No sería genial, que no se levante desesperado buscando un aliciente externo para calmarse, porque se muere de sueño y no puede dormir? Te necesita dirán algunas, quiere cariño dirán otras. Sí, claro TE necesita porque lo has acostumbrado a que te necesite. Y si no le enseñas y si no lo AYUDAS quizá le tome un par de años aprenderlo por su cuenta, o peor aún, tendrá problemas de sueño toda su vida.

Contrario a lo que dicen algunas “expertas” partidarias acérrimas del colecho y “haters” del método Ferber (sin si quiera haberlo leído completo) y que además, no han estudiado ni medicina, ni enfermería, ni nada sobre el funcionamiento del cerebro humano, sí es posible que el bebe duerma solo, y que duerma de corrido, es decir, que si se levanta, se duerma nuevamente sin ayuda. Mis hijos lo hacen, la mayor desde los 4 meses y el segundo desde los 6.5 meses.

No hay mayor ciencia en esto, es simplemente hacerles una rutina, y dar un mensaje constante: duerme solo. No es un día duermes conmigo, otro día yo en tu cama, un día te paseo, otro te doy teta. Hay que ser consistentes, dar un mensaje único frente a la misma situación. Por ejemplo, en mi casa está prohibido comer viendo televisión y la regla es siempre así. Pero, un día mi hija viene cruzada y estoy muerta y la dejo comer viendo televisión, otro día también la dejo porque tengo visita y no quiero que interrumpa. ¿Qué mensaje le estoy mandando? ¿Tendrá clara la regla de no comer con TV?

Finalmente, solo quiero decirles a todas las mamás que satanizan al pobre Dr. Ferber que lean el libro antes de criticar. Léanlo TODO. Yo personalmente no soy fan de su método, encuentro que hay otros mejores. Pero su teoría me parece fascinante. Y les digo que cuando un bebe/niño ya está con una mala costumbre para dormir, cambiarle el hábito no es un camino fácil. Hay otros autores que dan métodos mejores, donde el bebe no se queda llorando solo. Pero es casi imposible lograr un cambio con los niños sin que haya llanto de por medio (recuerden que todavía no saben hablar). Si les hace algo de sentido lo que digo, les pido que lean el libro Duérmete Niño (de Richard Ferber), y mi libro favorito: Guía Práctica para tener bebes tranquilos y felices de Tracy Hogg. Y las dejo con una frase que leí en otro libro: “la gente hoy en día estudia lee y se prepara para el trabajo, pero no lo hacen para el trabajo más importante de su vida que es el ser padres”. Y es verdad, el instinto materno es muy fuerte, pero no es suficiente, hay que leer e informarse, ver opciones, educarse.


jueves, 6 de agosto de 2015

Mi experiencia con la lactancia parte 1

En el marco de la semana mundial de la lactancia materna, creo que se hace necesario que todas las madres - que queramos y podamos -  compartamos nuestra experiencia al respecto.  Principalmente con el propósito de desmitificar muchos de los mitos (valga la redundancia) que se tejen alrededor de la misma; mitos que por un lado, idealizan y poetizan el proceso de la lactancia demasiado o por otro, mitos que generan miedos y resistencias innecesarios en las madres.  

Considero importante que como mujeres, más aún como mujeres que ya hemos pasado por esta experiencia, compartamos sin prejuicios ni temores nuestras prácticas dando de lactar. Esto con el propósito de compartir experiencias y observar distintas historias de vida y encuentros con la lactancia.

Empezaré contando mi experiencia con mi hijo mayor, y luego haré dos entregas más compartiendo mis experiencias con mis otras hijas. Un poco por temas de espacio y otro poco porque con cada hijo la historia de la lactancia es distinta y cada uno, te coge a ti en un momento distinto y con una actitud distinta.

Como primeriza me moría de miedo de dar de lactar (en verdad, como primeriza todo me daba miedo), pero había internalizado (y muy bien) que la lactancia materna exclusiva era lo mejor para mi hijo no sólo en términos nutricionales, sino también en términos pisco-afectivos. Así, que estaba decidida a todo por lograrlo e hice mi mejor esfuerzo.Vaya que fue un esfuerzo, sobre todo los primeros días. Los expertos te sugieren que des de lactar en la primera hora después del parto, siendo yo cesárea esto fue imposible. Estaba tan adolorida y con tanta droga encima, que no me importó. Pero, apenas llegué a mi habitación lo primero que quise es que me trajeran a mi bebé y darle de lactar.

Y mi bebé llegó; grande (4 kgs.) chino, gordo y muerto de hambre. Yo estaba cansada y maltrecha pero igual me puse manos (digo, tetas) a la obra. Él succionó y succionó y algo salió, pero creo que no mucho porque a la hora ya tenía hambre. Los primeros días la leche que me bajaba no era suficiente. Él quería más comida de la que yo podía darle. Felizmente, en esos primeros días me acompañó una enfermera que me recomendaron en la clínica donde nació. Ella me dio calma y seguridad: “Tranquila señora, la leche se demora en bajar, más aún para las primerizas. Algunas demoran hasta 10 días”. Así, que con sus palabras de aliento y la ayuda de una lata de fórmula para rellenar las tomas en las que mi hijo se quedaba con hambre continúe.
Mi bebé y yo, luego de una toma

Me alegro de no haber escuchado a ninguno de esos gurús de la lactancia exclusiva que te obligan a no darle ni una pizca de fórmula. Eso sólo me hubiera dado estrés y probablemente hubiera afectado mi producción. Tener a mi bebé satisfecho me dio la tranquilidad para seguir intentándolo. El pediatra me apoyó: “lo que funciona para la mamá, funciona para el niño”. A los 7 días yo ya producía suficiente leche para satisfacer a mi bebé, y al mes era una vaca lechera. El resto de la lata de fórmula la guardé por si acaso. Tenía un efecto tranquilizador en mí: si no había leche en mi teta, mi hijo no moriría de hambre. Nunca más la volví a usar.

En los primeros días además del miedo y la falta de leche tuve que lidiar con el dolor de mis pezones desgarrados. Salí de la clínica con los pezones destrozados. Usé unos protectores de silicona junto con unas cremas, y me aliviaron bastante. Luego, con la ayuda de esta enfermera (gracias Dios por mandármela) aprendí a colocar a mi bebé en la posición correcta. Después todo fluyó y el proceso se hizo mucho más fácil.

Mentiría si les dijera que a partir de ese momento todo fue maravilloso porque no lo fue. Dar de lactar es AGOTADOR y ESCLAVISANTE. En un momento, sentía que pasaba más tiempo con la teta al aire que dentro de mi ropa. Además, las primeras semanas sin horario y sin encontrar el ritmo adecuado la cosa es bien complicada. Eres esclava del hambre de un niño. Para mí fue muy duro pasar de ser una mujer independiente con una agenda propia a ser la proveedora de alimento de un recién nacido 24/7. Quise tirar la toalla varias veces. Lo único que me sostenía eran pensamientos tipo: “Ok. Ya vamos 2 semanas puedo hacerla 1 mes. Ok, voy un mes, llegamos a las 10 semanas y ya se la puedo cortar.” “Ok. Vamos 10 semanas, creo que ya puedo darle 3 meses. Sí, 3 meses es lo mínimo indispensable y se la corto. Total, en mi generación ya nos daban de comer a esa edad”.

Y así, iba pasando el tiempo y cada vez se volvía más fácil. En los controles mensuales el pediatra me preguntaba cuántas onzas tomaba. Yo no tenía ni idea. De nuevo me alegro tanto de no haber estado tan pendiente de las recomendaciones de los expertos donde te dicen el número de onzas que el niño DEBE tomar. Ahora, veo a varias amigas que desesperadas se sacan leche desde el primer día para ver cuánto producen y cuánto está tomando su hijo en cada toma, generándose – en mi opinión – un estrés innecesario. Cómo mi bebé crecía a un buen ritmo, el pediatra no me insistía por medidas exactas.

Una vez pasados los 3 meses y con mi hijo durmiendo 7 horas corridas en la noche, la vida se volvió rosa de nuevo. Acá, realmente sentí un cambio. Además, mi hijo el tragón tomaba su leche en 5 minutos. Vaciaba una teta en 5 minutos, y luego atacaba la otra en 5 minutos. En 10 ya estábamos listos para continuar con nuestra vida y la siguiente toma tocaba luego de 4 horas. ¡Ah! Volví a vivir la vida. Nos volvimos los más callejeros del barrio.

Como era un cerdo tragón, el pediatra decidió que para ayudarme a jalar más tiempo con la lactancia introducirle la comida a los 4 meses. Sí, 4 meses. Intenté un par de semanas, y no nos fue bien. Así, que retomamos los sólidos a los 5 meses. Acá, me cayeron muchas críticas de amigas nutricionistas y de otras mamás talibanas de la lactancia. No les hice caso. ¿Acaso alguna de ellas amamantaba exclusivamente a un bebé del 97 percentil? No tenían ni idea de lo que era eso.  A los 6 meses yo me sacaba 14 onzas de leche de una teta, de ¡una sola! Cuando dejaba a mi hijo con alguien no podían creer que se tomará dos biberones de los grandazos llenos.  Un promedio de 18 onzas por toma, y en las noches… más de 20.

Así, entre altos y bajos. Entre tomas aburridas y tomas divertidas llegamos a los 8 meses. A estas alturas yo ya era una experta. Le daba de lactar con una mano y con la otra miraba la compu, comía o hasta escribía. Mi hijo ya comía y cada vez me mordía más fuerte. Ya no quería hacer la chamba de succionar, lloraba por su biberón, lloraba por su papilla. Y un buen día de la nada, no quiso tomar teta. Lloró, me mordió y no se calmó hasta que tuvo su biberón. Con un poco de pena y algo de alivió decidí terminarlo ahí. Habían pasado 8 meses y 2 días de lactancia exclusiva.

Pensé que a él le iba a chocar horrible, que iba a reclamar la teta pero no fue así. Él siguió con su rutina de toda la vida como si nada. Al final cortarle la leche me dolió más a mí. Pero, no se preocupen me recuperé rápido de este vacío emocional: mi cuerpo volvió a ser mío y sólo mío.
Mirando hacia atrás no puedo creer que haya durado tanto. Yo que pensé que no iba a llegar al mes. 

Ahora mi hijo cumple 6 años y es grandazo. Me gustaría decir que es menos enfermizo que el promedio pero no es así. Se enferma igual o hasta más. Sufre de rinitis alérgica. También dicen que los niños alimentados exclusivamente con leche materna son más inteligentes. Ojalá. Tenemos un vínculo excelente y una cercanía sincera. ¿Gracias a la lactancia? No lo sé. De todos modos ésta fue una experiencia que me enriqueció mucho y que en las mismas circunstancias la repetiría. Claro, que ahora en estos momentos de mi vida… lo dudo mucho. Pero, ¿quién sabe? Quizá haya una mártir dentro de mí.