miércoles, 15 de abril de 2015

Carta abierta a la súper niñera

Querida Súper Niñera:

Primero quiero decirte que soy tú súper fan, he visto todos tus capítulos, sigo tus consejos al pie de la letra y he comprado todos tus libros. Tus enseñanzas me han ayudado mucho. Pero déjame decirte, que de un tiempo a esta parte ya ninguna de las tácticas que aprendí de ti me está funcionando. Te cuento mi caso: Soy una madre (ama de casa full time) de Lima, Perú tengo 3 hijos, un hombre y dos mujeres. El hombrecito, tiene 5 años, la segunda 3 y la tercera cumple 2 el próximo mes. Todos son muy lindos y los quiero con todo mi corazón. El problema está en que ya no sé qué hacer para enseñarle límites y respeto a mi hija la segunda, la de 3 años y 6 meses.

Siento que esta niña de 3 años y medio, me gana. Sigo tus enseñanzas: en casa los límites son claros y están bien establecidos, los niños tienen rutinas comprensibles y predecibles, papá y yo somos un equipo. Cuando debo corregirla me agacho para estar a su altura y le hablo mirándola directamente a los ojos, le hago tiempo fuera cuando se sale de control. Tengo momentos “madre – hija” constantemente, e incluso, le he hecho un “cuadro de beneficios” para ponerle caritas felices o estrellas cada vez que cumple con alguna obligación.  Pero, nada de esto parece estar resultando.

Con mi hija sándwich (ver post acá) la cosa está complicada. Desafía abiertamente mis mandatos. Cuando la castigo se corre, se ríe y grita feliz como si estuviera jugando. Cuando le pega a alguno de sus hermanos lde doy tiempo fuera pero, lograr que lo cumpla es misión imposible. Me tengo que sentar con ella durante los 3 minutos si no, no lo cumple. Tiene su “cuadro de beneficios” intacto porque no me atrevo a ponerle caritas tristes y por supuesto, no merece caritas felices. Mi esposo me dice que le ponga carita triste, pero no sé dónde he leído que eso puede dañar su autoestima y que el refuerzo negativo no es bueno para el desarrollo de los niños. Estamos trabajando en conjunto con su miss del nido para que ella aprenda a respetar más la autoridad (léase no se zurre tanto en nosotras).  

Mi consigna actual con ella es: mucho amor y mucha firmeza. Pero, ya no sé qué hacer cuando se ríe en mi cara de los castigos y/o privaciones que le impongo. Tus consejos me sirvieron mucho para controlar las pataletas de mi hijo mayor. Pude calmarlo, comprenderlo y dirigirlo. Lo mismo con mi hija la tercera que tiene un carácter parecido. Sé, cómo manejar estos genios fuertes e impetuosos. Pero, con la segunda no sé qué hacer. Tiene una respuesta inmediata (con sonrisita incluida) para todo. Intento hacerla reflexionar y me sale con respuestas audaces o invenciones y todo con una sonrisa y una calma que me descuadran. Me dijeron que los 3 años eran peores que los "terribles 2" (ver post acá y Acá) pero esta situación está alcanzado dimensiones épicas, sobre todo porque se zurra en mí en mi propia cara. 

Dime súper niñera ¿qué debo hacer? En el nido ya han hablado con nosotros (sí, fuimos de los primero en ser citados, ¡auch!) sobre el tema de los límites y el desafío a la autoridad por parte de esta pequeñita. Nos preguntaron si en casa ella tenía los límites claros. Pues, claro que los tiene. Si no, no se empeñaría tanto en desafiarlos. Súper niñera, lo que más me preocupa es el futuro: ¿si no puedo ahora que tiene 3, qué me espera cuándo tenga 13? ¿O 15? No quiero ni imaginarlo. Pero, no señor. No.  Esto lo controlo hoy. El problema es, que ya no sé cómo.... No sé cómo...  ¡¡Ayúdame!!

martes, 7 de abril de 2015

La peor suegra del mundo

Quizá esperan que raje de mi suegra y les cuente lo terrible que es, pero no. No es así, mi suegra no tiene nada que ver acá, ni con el título ni el tema central de este post. Además, comparada con la persona a la que se refiere este título mi suegra es un ángel, una santa y realmente, tengo mucho que aprender de ella.  Este título es para mí. Porque debo admitir que en estos 5 años de vida que lleva mi hijo mayor me he dado cuenta que no hay ninguna suegra en el mundo que sea peor de lo que yo voy a ser.  

Sé que todavía es temprano para empezar a angustiarme por estos temas, pero no puedo evitar pensar en eso. Sobre todo, cuando hace poco fui a una fiesta  del salón de mi hijo y me enteré que una niña del salón se muere por él, y… no es la única. ¡¿QUÉ?! Casi me infarto, ¿quién osa mirar a mi bebé? En ese momento recordé un episodio en el matrimonio de un buen amigo mío. Yo estaba muy feliz por él pues, se casaba muy enamorado con una chica excelente. Inmediatamente pensé que me gustaría que mi hijo se case con una chica así (de acá a 30 años, obvio), cuando a los 5 segundos empecé a ponerle mil peros a la chica: pero, tendría que haber estudiado otra carrera, en otra universidad, quizá tener otro estilo de vida, ser un poco más flaca, un poco más alta… ¡asú!  pensé, pobre hijo mío (y pobre pareja) y por supuesto, pobre yo, porque yo también sufro.


Para que me comprendan debo empezar por la verdad objetiva: no existe en el mundo ningún niño más guapo, bello, bueno e inteligente que mi hijo mayor. No hay criatura más tierna, noble y buena que él. Sí claro, tiene sus temitas pero, eso sólo lo vuelve más interesante y entretenido. Cualquier chica del mundo se sentiría afortunada de tener a alguien como él.  Así, las cosas es casi imposible que consiga a alguien que le de la talla. ¿Comprenden ahora a lo qué me enfrento?  ¿Acaso existe alguna mamá que no piense eso de sus hijos?  Y si la hay, por favor que converse conmigo.

Sí ya sé que estoy exagerando y que todavía tengo bastante tiempo para meterme a clases de yoga y meditación zen y enfrentar esta próxima (y lejana) etapa con una mente más abierta y menos aprensiva. Además, para – como dice mi marido - darme cuenta que: “sus enamoradas las consigue él, no yo. Y que lo deje tranquilo, si no me va a odiar” y “¿por qué las mujeres piensan esas tonterías? Pero, no lo puedo evitar. Soy una neuro_mamá, soy su mamá y él es mi hijito lindo, mi regalito de Dios, lo mejor que me pudo pasar. Y sea quien venga, tendrá que comprender eso y comprender también, que yo vengo incluida en el paquete. Así, que ¡agárrense!