miércoles, 9 de marzo de 2016

¿Lo arruiné todo porque me puse a llorar con mi hijo?

La semana pasada conté sobre el lacrimógeno primer día de clases de mi hijo mayor (ver post acá). Fue un post emotivo en el que cuento como es que mi emoción le ganó (nuevamente) a mi razón, y a pesar de los múltiples comentarios de solidaridad e identificación recibidos frente a mi comportamiento (FYI yo fui la que lloró), no podía evitar sentirme mal por mi lacrimógena reacción. De alguna manera sentía que había fallado en mi rol de madre que debe “contener” [emocionalmente] a su hijo, que en lugar de ayudarlo a calmarse le había transmitido más nerviosismo, inseguridad, etc.

Así que, sintiéndome recontra mal conmigo misma decidí consultar a mi psicóloga de cabecera para que me oriente y me ayude pues, no voy a mentir, me daba bastante vergüenza regresar al salón y/o tener que lidiar con una escena similar y volver a llorar, ergo, volver a fallar. Así que la llamé y le conté lo que había ocurrido. Sus palabras me orientaron y me ayudaron mucho para superar el gran sentimiento de culpa que tenía por no haber sido “el fuerte roble” que sostiene eficientemente a su prole en sus necesidades físicas, emocionales, espirituales, cognitivas y de desarrollo las 24 horas del día los 7 días de la semana.

Me ayudó mucho poder conversar con una profesional sobre esto y he decidido compartir con uds. lo que me dijo porque estoy segura que por ahí hay algunas que al igual que yo - a veces -  lloran, se exasperan y/o pierden los papeles con esto de la crianza y nuestro (neurótico) afán por hacerlo perfecto.    

Para empezar mi terapeuta me dijo que si uno (léase la mamá) llora cuando su hijo llora no es el fin del mundo, porque aunque estemos llorando no necesariamente perdemos la capacidad de contener a nuestros hijos. Incluso llorando podemos calmarlos, apoyarlos y ayudarlos a procesar sus emociones y a conectarnos con ellas. Es más, a veces, llorar junto con ellos los puede ayudar a validar sus emociones. Es decir, ellos pueden pensar: “fiuuu, si mi mamá también llora es porque esto realmente da mucho… miedo/pena/cólera/angustia, o el adjetivo que sea que ellos tengan en mente.
Ya con esto me sentí mucho mejor.

Además, si pasa que el tema nos afecta tanto que no podemos contenerlos (como les gusta esta palabrita a los psicólogos) solas, tampoco es el fin del mundo. Si necesitamos la ayuda del papá, la profesora o incluso otra mamá para contener a nuestros hijos no pasa nada. Lo importante es que el niño reciba el apoyo que necesita en el momento que lo necesita.

Lo que si estaría mal es que esto sea así en TODAS las ocasiones que tu hijo te necesita. O, lo que a veces hago yo, que es mirar para otro lado, salir corriendo del lugar o distraerte solo para no llorar. Eso, es mejor no hacerlo porque ahí sí parece que te desconectaras o que no te importara (cuando el fondo te importa demasiado). A hacer eso, mejor llorar (¡hurra por mí!) ¿A que ya se sienten mejor?
Finalmente, lo que me dijo es que si ya estás en la situación en que tu bebé llora (no importa si tu bebe tiene 15 años) y tu lloras con él/ella, vale que hecha un moco le digas que quieres verlo/a feliz y te pone triste que no sea así. Pero, que tu tristeza no te quita la confianza que él/ella estará bien porque sabes que es un/a trome y valiente y podrá resolver esa situación bien. Reforzarle que confías en sus habilidades para lidiar con la situación.  

En mi caso particular que estaba dejando a mi hijo en el colegio, me dijo que le dijera algo como: “le dices que lloras porque te da pena que él llore, pero que igual te vas a ir y lo vas a dejar porque sabes que él es valiente e inteligente y confías mucho en la miss y en el colegio. Y te vas tranquila”.

Bueno, no sé a uds. Pero a mí que soy una llorona consumada estas palabras me hicieron sentir mucho mejor y me siento tan tranquila, que estoy segura que a la próxima no voy a llorar… y si lloro, pues bueno. Sé que no es el fin del mundo y que igual mi hijo está siendo bien contenido.

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