jueves, 14 de abril de 2016

No le haces un favor, ¡le haces un daño!

En la crianza de nuestros niños, al darles todo, al consentirlos y permitirles todo, al resolverles todas las dificultades - hasta la más pequeña - ¿Les estamos haciendo un favor? o ¿un daño?

El domingo 10 de abril fueron las elecciones generales en todo el Perú. Muchos fuimos a cumplir con nuestro deber cívico. Algunos solo votamos, otro fuimos miembros de mesa (me incluyo, porque esta vez me tocó ser suplente). Como ya sabemos, estas elecciones fueron particularmente duras: el calor de “El niño” que no se va, el aumento del número de votantes por mesa, la falta de capacitación de los miembros de mesa, los nuevos lugares de votación y un largo etc.

Este año le tocó ser miembro de mesa a un buen amigo mío. En su mesa eran él (casado con un hijo y con más de 30 años)  y dos personas más: una chica de 21 años y un chico de 24. Ambos solteros y sin hijos.  Durante todo el proceso electoral mi amigo se quedó sorprendido del comportamiento de estos dos jóvenes y no es porque nosotros seamos muy viejos y nos dediquemos a criticar a los jovencitos, para nada (estamos en la flor de la juventud). Si no, que él como padre constantemente (al igual que muchos) se cuestiona si está criando bien a su hijo y al ver a dos jóvenes de 21 y 24 años, no pudo evitar proyectar a su hijo y fantasear con cómo sería él a esa edad y, lo que vio no le gustó.

Mamá e hija sacando la lengua y conriendo

En esta difícil jornada electoral este par de chicos lucieron su peor lado. Primero, con una actitud altanera señalando constantemente que estaban ahí porque eran “buena gente” y que nadie les pagaba por hacerlo, así que no se les debía exigir nada, sino más bien estarles eternamente agradecidos. Además, ambos (el chico y la chica) tuvieron altercados verbales con votantes de su mesa y por último, ambos tenían cero tolerancia a la frustración con crisis de ira y se rendían rápidamente a la primera dificultad.

Mi amigo estaba sumamente sorprendido decepcionado pero, a lo largo de la jornada se dio cuenta que esta actitud no era del todo culpa de los chicos, si no de sus padres. Tanto los papás del chico como de la chica los llamaban constantemente a “reconfortarlos”;  “¿hasta qué hora te vas a quedar? Es un abuso, es un abuso que te tengan a estas horas. Yo pago tu multa. Ven a la casa. Me quedo yo en tu lugar.” Y otro padre: “no te preocupes, te voy a recoger en este instante y si no te dejan salir tumbo la puerta del colegio. ¿Qué se han creído para tenerte hasta esta hora/para darte esa lonchera tan misia?”. Cada uno de estos chicos recibió un promedio de 12 llamadas (sí, 12)  a lo largo de la jornada. Jóvenes de más de 21 años.

En fin, el mensaje era claro: hijit@ lind@ mi misión en el mundo es hacerte la vida recontra fácil, tú no harás nada, yo haré todo por ti y me pelearé con el mundo para que a ti nada te toque. Algunas de uds. Me dirán: Neuro mamá ¿qué tiene de malo esto? ¿Acaso no todos queremos que nuestros hijos sean felices y no les pase nada? Y sí claro que sí, pero creo yo todos los padres deseamos que nuestros hijos lleguen a la adultez, que sean individuos con valores, capaces e independientes. Pero, al solucionarles TODO en la vida, evitar que asuman sus responsabilidades, apañarles que no cumplan son su deber, solucionarles hasta el más mínimo problema no les permite crecer, no llegan a la adultez como personas independientes con recursos emocionales que les permitan manejar todo tipo de situaciones.


Para mi amigo la conclusión era clara: “Los papás – sin querer – podemos malograr a los niños. Por engreírlos tanto, por facilitarles todo. No puedes ser un hijito de mamá toda la vida”. Y estoy de acuerdo. Afortunadamente para nosotros dos, nuestros hijos son pequeños y tenemos claro que vamos a educarlos de forma tal que lleguen a ser adultos independientes y capaces. Engreír, confortar, apoyar está muy bien. Pero, anular, apañar y consentir; no. Está en nuestras manos. 

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