martes, 28 de junio de 2016

Ejercicios para las que no tienen tiempo

¿Eres cómo yo, que te mueres de ganas de hacer ejercicios y no tienes tiempo? Hace un tiempo descubrí en youtube un par de canales geniales con muchos ejercicios súper buenos que te ayudan a tonificar y bajar de peso en poco tiempo.

La mejor rutina es la de 7 minutos que está científicamente comprobada que ayuda a reducir peso, quemar grasa y tonificar. En sólo 7 minutos!!! yo la hago todos los días y de hecho siento los resultados. Y lo mejor, es que si tienes más tiempo la puedes hacer 2 o 3 veces y generas mayor impacto en tu cuerpo.

Y si un día tienes tiempo extra y te da frío o flojera salir a la calle, lo que yo hago es combinar los 7 minutos de ejercicio de alto impacto con un video de baile para tonificar. Se los pongo abajo.




Este es el link para el video de baile.

https://youtu.be/tj9d6aBOzDo

jueves, 16 de junio de 2016

¡Sorpresa! Estoy embarazada

Antes de empezar tengo que hacer un disclaimer: NO estoy embarazada. No estoy embarazada, ni planeo estarlo y es más, no puedo estarlo en algún futuro. Así que respiren profundamente si se pusieron nerviosas, y quédense tranquilas que de esta panzita no sale un hijo más. El título de este post es porque recordé que hace 4 años atrás, por estos mismos días pensé que tenía gastritis y en verdad, lo que tenía era un embarazo de casi 8 semanas. Sí, un embarazo sorpresa.

Hoy lo recordé con cierta nostalgia mientras ordenaba la ropa de mis hijos y caí en cuenta que mi bebé, tiene ya 3 años. Se terminaron sus “toddler years” y con ella los míos, pues ahora sólo tengo niños (ya no toddlers) en casa y muchas de las medidas de seguridad que tomé los últimos 6 años son innecesarios. Se pasó rápido y aunque en un momento se me hizo eterno y abrumador, la verdad que hoy por hoy, no lo cambiaría por nada.

Salí embarazada de mi 3era hija cuando la segunda no había cumplido un año aún. Y como conté líneas arriba, yo pensaba que tenía gastritis pues, jamás se me ocurrió que estaba embarazada. No estaba en los planes tener a la 3era tan rápido. Es más, luego del complicado parto de la segunda las recomendaciones médicas fueron claras: NO salir embarazada en mínimo 3 años. Sí, doctor no se preocupe. No saldré embarazada antes de los 5 ni aunque me paguen.


Y ahí estaba yo, embarazadísima antes del año. En aquel entonces trabajaba full time y finalmente había logrado el dichoso equilibrio entre trabajo y familia. Estaba contenta. Había retomado el gimnasio con fuerza pues quería recuperar mi figura y empecé a sentirme un poco mal. Pensé que era una pequeña gastritis consecuencia de mi nueva rutina de entrenamiento y la dieta que también había empezado. No le hice caso y empecé a tomar anti ácidos, hasta que un día después del almuerzo me sentía muy mal: mareada, nauseabunda con una fuerte acidez y demás.

Una amiga de la chamba me preguntó: ¿no estarás embarazada? ¡Imposible! Le respondí. Debe ser mi gastritis. Sin embargo, me puse a revisar mi agenda y me di cuenta que tenía dos semanas de atraso. Bueno pensé, es normal luego de la lactancia prolongada. Pero, igual no me pude sacar la idea de la cabeza, pues todas las chicas de mi chamba estaban convencidas que lo estaba, así que esa tarde fui a hacerme los análisis. Unas horas más tarde, las sospechas de mis compañeras de trabajo estaban confirmadas: ¡¡¡tenía 8 semanas de gestación!!!

No voy a negar que fue un tremendo shock confirmar mis sospechas. No podría describir mis sentimientos. Sólo recuerdo haber estado como flotando y luego mucho desasosiego. Estaba molesta. Molesta conmigo, con mi esposo, con todo. ¿Cómo en pleno siglo XXI me podía pasar esto? ¿Qué clase de irresponsable era? Y la pregunta del millón: ¿En qué momento pasó? No sé uds. pero yo tengo muy claro el momento de la concepción de mis hijos mayores. Fueron totalmente planeados. Pero, con la 3era ni idea. Recuerdo que cuando le conté a mi marido, así a la volada: “bla, bla y bla y por si acaso, creo que estoy embarazada” sus primeras palabras fueron: ¿Cuándo? ¿Cómo? Y aunque ahora cuando lo recuerdo me río, en ese momento no me causó ninguna gracia.


Naturalmente, a las pocas semanas el miedo pasó, la ira y el agotamiento extremo pasaron y llegó la alegría del 3er hijo. Si bien fue un embarazo de alto riesgo pasó tranquilo, sin mayores incidentes y con la ventaja de estar bien cimentada como madre. Lo disfruté mucho pues sabía que sería el último. Y ahora, que escribo estas líneas y recuerdo esos momentos de incertidumbre, nervios pero, gran alegría, no saben las ganas que tengo de volver a decirle a mi marido: ¡sorpresa! ¡estoy embarazada! De nuevo. 

martes, 7 de junio de 2016

¿Quién nos pone límites a las madres?

La semana pasada mientras tomaba café con una amiga nos topamos con una amiga suya. Ésta amiga, era algo mayor que nosotras y tenía hijos adolescentes. Como tenía que hacer tiempo mientras esperaba a su hija de 15 años, se sentó con nosotras y nos contó que su hijo mayor se graduaba este año, así que estaba muy emocionada pues su hijo se iría pronto de viaje de prom y además, a fin de año celebraría su fiesta de prom. Hasta acá todo bien. Nada fuera de lo normal. Hasta qué mi amiga le comentó: “Mostro, y ¿qué tal todo?”

Y me acordé que ponernos límites [a algunas madres] es muy difícil. Pues, cómo nos contó esta en particular, había llevado el “deber maternal” más allá de lo imaginable con su hijo mayor: ella se había metido a organizar la fiesta de promoción (dónde además era chaperona), el viaje de promo y la ceremonia de graduación. Además, estaba obligando - sí han leído bien: obligando - al padre de la criatura a ir de chaperón al viaje de prom (porque – y Dios es grande – ella no podía ir) y como no podía ir, su marido (el padre) tenía que ir. También nos contó que ella siempre había sido delegada del salón de alguno de sus 2 hijos y cuando no era delegada, era voluntaria de la biblioteca, del taller de arte, del equipo de deporte en el que participara alguno de sus hijos y similar.

¡Wow! Pensé, eso sí que es tomarse los deberes materno–escolares sumamente en serio además, de ser un poco invasivo para con la vida de sus hij@s. Me imagino que sus hijos, como adolescentes deben querer pasar tiempo con sus pares (o sea, chicos y chicas de su edad) sin la presencia (constante) de alguno de sus padres (en este caso particular, la madre). Me puse a pensar en cómo era yo en mi adolescencia. Creo que si alguno de mis padres me hubiera acompañado en mi viaje de prom yo no hubiera ido. Simplemente, no me hubiera trepado al avión o al bus. De igual manera, tener la presencia de mi madre de manera constante en el colegio creo que no me hubiera agradado del todo. O sea, hablemos claro: hubiera odiado que mi mamá sea una de esas “tías pesadas que se dedican a pulular y jorobar” en las fiestas, eventos y actividades del colegio.  

No pude contener mi curiosidad y le pregunté si a su hijo no le molestaba, o le incomodaba que ella - su mamá - participe tan activamente de sus actividades y eventos escolares. A lo que me respondió, que no, para nada. “Es más, ya todos sus compañeros de promoción me conocen como “la tía” que siempre está ahí”. Este comentario me hizo recordar a un par de posts que escribí un tiempo atrás: la más metiche del salón y loslímites. Pues, esta madre – en su afán por querer estar en todas y con todos – (en mi opinión) trasgrede los límites de la independencia de sus hijos y definitivamente peca de inmiscuida.

Pero, claro ¿quién no quiere estar en todas las de sus hij@s? ¿Quién no quiere compartir con ellos todos sus momentos clave? Pero, lo cierto es que es imposible. No podemos estar en todas, no debemos estar en todas. Debemos acompañarlos, sí y a la vez soltarlos y dejarlos vivir sus propias experiencias. Quizá el entusiasmo nos gane algunas veces, pero al final quien les pone límites a las madres, somos nosotras mismas. Y nada mejor, que enseñarles a nuestros hijos límites y respeto y el respeto empieza por ellos.