martes, 20 de septiembre de 2016

¿Cuál es la mejor técnica para hacer que los niños dejen el pañal?

Luego de 3 hijos, muchos pañales y varios posts sobre mi sufrimiento para que mi hija la segunda deje el pañal (ver posts aca: Dejar el pañal: sí se puede  y !No quiere dejar el pañal!  y finalmente: Proyecto pañal: retroceder nunca rendirse jamás) finalmente hace exactamente 1 mes mi hija la última  dejó – por fin – el pañal de la noche con la mejor técnica de todas. Una que en verdad, no creí posible – no con mis hij@s al menos. ¿Cuál? La técnica de dejarlos solos.

¡Qué! ¿Cómo es eso posible?  Hace un tiempo escribí sobre cómo la hija de una amiga había dejado el pañal completamente sola. Simplemente motivada por la incomodidad del mismo y el deseo de “ser grande” como su hermano mayor (post acá: Dejo el pañal solita). Pero, por algún motivo pensé que eso no pasaría con mis hij@s pues siempre les he tenido que dar algo más que un empujoncito con el tema del pañal.

Sin embargo, poco más de 1 mes atrás una amiga mandó a nuestro chat amical el video de sus 2 hijos tirando sus pañales a la basura y nos contó que habían decidido ellos solitos dejar el pañal de noche. De igual manera y al mismo tiempo, su hija - compañera de nido de la mía - había decidido dejar el chupón sola. En una. Mi amiga estaba nerviosa, pero los apoyó; y esa noche fue la primera de muchas sin pañal para los dos y sin chupón para la niña. Yo no lo podía creer (valgan verdades, mi amiga tampoco). Pero, con ya 3 casos conocidos de primera mano dónde los niños dejan el pañal y/o chupón solitos por voluntad propia decidí dejar a mi última tranquila y que dejara el pañal nocturno cuando se sintiera cómoda.

Unos días después que mi amiga nos mandó el vídeo de sus hijos dejando pañales y chupones mi hija se quedó a dormir en casa de mi mamá con sus hermanos y dijo que ella como sus hermanos y sus amigos (le había enseñado el vídeo) no quería usar pañal. Como estaba en casa ajena, la convencí que se quede con el pañal. Pero, la noche siguiente mientras la cambiaba para dormir me volvió a repetir que no quería usar pañal y me pidió que le enseñe el vídeo de sus amigos tirándolo a la basura. Se lo enseñé, se motivó y dejó el pañal nocturno. Así, de fácil.

Niña incentivada para dejar el pañal


Yo estaba un poco nerviosa y dejé un cambio de sábanas a la mano por si acaso. La obligué a que vaya al baño antes de dormir (sí, obligué porque ella no tenía esa costumbre y no quería hacerlo) y ¡saz! Esa noche fue una maravilla, durmió perfecto sin mojar nada. La noche siguiente también, y la subsiguiente y la sub sub siguiente y así todas la noches desde hace ya 1 mes.

Mi bebé dejó el pañal solita, sin que yo me tenga que levantar en la madrugada y llevarla entre sueños a hacer pila, sin tener que sobornarla, sin traumas, llantos ni peleas. Lo dejo sola cuando se sintió lista. Esta vez sólo me tocó acompañarla y apoyarla. Así, que si alguien me pregunta ahora ¿Cuál es la mejor manera de hacer que tu hij@ deje el pañal? Les diría dejarlo ser, acompañarlo e incentivarlo (el gran motivante de mi hija fue el vídeo de sus amigos) y cuando les diga  que ya quiere dejar el pañal o el chupón o el biberón o lo que sea – aunque Uds. estén nerviosas – los dejen hacerlo y los acompañen y apoyen en el proceso. 


¡Éxitos y adiós pañales!

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Ser madre y sus dilemas – Milagros Sáenz y Stella Santiváñez

¿Cómo viven, sienten y practican su maternidad las limeñas de hoy?

Este libro escrito por quien les escribe (Milagros Sáenz) junto con Stella Santiváñez intenta retratar el significado de la maternidad en la Lima de hoy, plasmar los retos que trae consigo el ser mujer y el ser madre actualmente. Indagamos, preguntamos y nos cuestionamos cómo es que practican, viven y sienten su maternidad las limeñas en la actualidad.

Desde la sociología, recogemos diversos testimonios que nos indican que el ser madre va más allá del acto biológico. Es decir, implica más que el acto de parir pues trae consigo una serie de mandatos sociales y culturales que se imponen como verdades absolutas sobre las mujeres una vez somos madres imponiéndonos como válida y única una determinada manera de ser, sentir y vivir la maternidad. La sociedad nos comanda a expresar y ejercer nuestra maternidad de una determinada manera. Así, las mujeres – una vez somos madres – nos damos cuenta que ingresamos a un sub-mundo en dónde prácticamente (por no decir, todos) nuestros actos están regulados y se espera deben ser de cierta manera. La sociedad supone, asume y espera que nos comportemos de determinada manera una vez somos madres.
Cover of the book: Ser Madre y Sus Dilemas Milagros Sáenz y Stella Santivaez




Esto, genera mucha culpa y pesadumbre en aquellas mujeres que sienten y/o ejercen su maternidad de una manera distinta al resto. Aquellas que sólo quieren un hijo, aquellas que trabajan a tiempo completo porque su trabajo las hace feliz (y no por necesidad económica), aquellas que prefieren ir a la peluquería en vez de acompañar a sus hijos a una fiesta infantil, e incluso aquellas que NO quieren ser madres.
Cover of the book Ser madre y Sus Dilemas Milagros Sáez Stella Santivañez
Y este “deber ser” no sólo nos indica cómo debemos comportarnos, sino también como debemos sentirnos y sentir con respecto a nuestros hijos. Debemos amarlos desde el minuto que nos enteramos que vamos a ser madres, es más, debemos incluso amarlos y desearlos antes de ser madres, pues es así el instinto maternal, el amor materno no tiene límites y – se asume - todas queremos y estamos llamadas a ser madres. Nada más lejos de la realidad cómo podremos observar en el libro.

Lo interesante del libro es que rompe con estos mitos y nos muestra una maternidad real y actual. Nos muestra lo complejo de la maternidad, nos muestra que el ser mujer y madre es único y distinto en cada mujer, así como únicas y distintas somos todas las mujeres. Nos muestra que no hay una forma “ideal” de ser madre, que el “instinto materno” no existe como tal y que cada mujer siente y expresa esta maternidad de una manera distinta y ninguna es mejor o peor que otra. Simplemente, son distintas y “El amor maternal es sólo un sentimiento humano. Y es, como todo sentimiento humano, incierto, frágil e imperfecto[1]”.


Si te pareció interesante esta pequeña reseña del libro, quieres saber más al respecto y/o quieres tener tu copia del libro ya y además aprovechar la oferta por estreno. Ingresa a la fan page del libro: Facebook.com/SerMadreysusDilemasLibro  o escribe a: pedidos.sermadreydilemas@gmail.com




[1] Elizabeth Badinter

lunes, 5 de septiembre de 2016

PokémonGo, mis hijos y yo

Pokémon haters, este post es para uds. Pokémon lovers, este post también es para uds. Y gente que no tiene ni idea de lo que es Pokémongo, si sus hijos juegan ese juego y ni quién soy yo, este post también es para uds. 

Si viven en el mundo y tienen acceso a internet, a los periódicos, a la televisión y/o a la radio saben de la existencia de PokémonGo. En mi caso, escucho hasta en mi casa sobre el bendito juego pues mi hijo de (casi) 7 años moría de ganas de jugarlo. Si bien la mayoría de mis amistades son “haters” y a mí tampoco me encantaba mucho la idea, tenía mucha curiosidad por saber/entender de qué se trataba antes de emitir una opinión y permitir (o no) que mis hij@s jueguen.


Así, hace un par de semana atrás bajé la aplicación en el celular de mi esposo (jejeje) y salí con mis hijos de 6, 4 y 3 años a cazar pokemones… y no tienen idea de lo bien que la pasamos. Nos divertimos a rabiar. El juego no es muy intuitivo y por eso escribí esta guía (clic acá) sin embargo, la aventura de tener que caminar por las calles de tu ciudad (literalmente por las calles porque en tu casa no vas a encontrar pokémones) es toda una experiencia. Y es que esto de la realidad aumentada es fascinante. Claro, que la gente se hipnotice y camine por calles y plazas como zombies cazando animalitos que sólo aparecen en sus celulares es – para algunos – sinónimo del debacle de la humanidad. Pero, para otros entusiastas, como mi hijo y sus hermanitas, es el mejor invento que ha podido existir en el planeta.

Lo cierto es que a mí no me parece tan trágico, habemos muchos (me incluyo) que ya andamos idiotizados con los smartphones y sus miles de apps (especialmente whatsup). Así, que si el juego se utiliza con moderación y regulación (sobre todo en el caso de niños pequeños) no le veo nada de malo. Es más, es toda una aventura en la que descubrirán su distrito, su ciudad e interactuarán con otra gente mientras se mueven.


¡Vamos inténtenlo! Y si odian a los veinteañeros que andan pegados al juego por las calles les doy un plus: si van a las poképaradas con sus hijos pequeños jugando full todos estos grandulones se morirán de roche al verlos y saldrán disparados, o se harán los caletas, algunos incluso esconden sus celulares. Por lo que doble risa: atrapando pokémones y arrochando grandulones.