viernes, 16 de junio de 2017

Los papás en el blog de NeuroMamá

Es cierto, lo admito. No escribo mucho sobre los papás en mi blog. Apenas, si he escrito algunos posts sobre ellos (ya bueno sólo 3 posts). Y por eso mismo, quiero aprovechar que ya se viene el día del padre y reivindicarme con los padres de mi vida, y que mejor manera que dedicándoles este post. 

Quiero empezar diciendo que – en mi opinión -  en términos de crianza y vínculo con los hijos, los papás de hoy no tienen nada que envidiarles a las mamás. Y eso me encanta. Hoy por hoy, los papás que quieren, pueden estar tan involucrados en la crianza y quehaceres domésticos cómo deseen. Y mucho de ellos lo están: cambian pañales, preparan biberones y bañan a sus hijos tan bien como las mamás y no sólo eso, algunos incluso cocinan, los acuestan, arropan y arrullan mejor que cualquier niñera, y - en mi caso particular – es mi esposo el que se levanta en las noches cuando alguno de nuestros hijos se despierta (ver post acá).

Y empiezo diciendo esto, porque no siempre fue así. En generaciones anteriores el rol del padre se limitaba casi exclusivamente a ser el proveedor económico de la casa. Un tanto ausentes en el día a día, sus funciones se centraban más en imponer disciplina a los hijos, supervisar las notas y libretas y, en algunos casos, instalar y/o arreglar los equipos eléctricos de la casa.
Pictures of the dad's in NeuroMama Blog

Aún con esto, mi papá siempre fue una figura presente y adelantada a su época. Mi papá nos bañaba, nos cambiaba, nos llevaba a nuestras clases de natación y se quedaba mirándonos (junto con puras mamás y nanas), él nos acostaba y me enseñó la oración que al día de hoy rezan mis hijos; nos cantaba canciones para arrullarnos (las letras eran un tanto inusuales, eso sí) y nos preparaba unas comidas deliciosas: arroz con tomate (mi favorito personal), arroz chaufa con huevo frito, huevitos revueltos y por supuesto el favorito de la casa: “la ricura de papá” (un plato inventado por él). Su amor, lo doy por sentado. Yo sé que siempre seré su hijita, la hijita de papá (post acá) y él siempre será mi papito.

Por otro lado, mi esposo, el padre de mis hijos. Un papá de la generación de hoy que, sin embargo, fue criado por un padre con todas las características de los patriarcas de generaciones anteriores. Desde que estaba embarazada con mi primer hijo y lo vi comprarse para él, para su uso exclusivo una pañalera tipo mochila (tenía que ser una pañalera cool, pues) y lo vi probando coches que le fueran cómodos a él (a mí que me parta el rayo), supe el tipo de padre que iba a ser: cariñoso, comprometido, engeridor, generoso y total y absolutamente pisado por sus tres hijos.  

En consecuencia, nuestros hijos crecen seguros, felices y LO AMAN. Lo aman con amor verdadero: así, tal y cómo es. Les encanta él, les encanta su perenne dolor de espalda, sus explosiones de cólera (que yo odio y ellos se ríen), aman su panza (que él odia) y verlo hacer crucigramas, aman sus 4 pelos parados (siempre los dibujan) y por supuesto, aman la comida que les prepara: mis hijos son todos unos carnívoros amantes de la parrilla.

Leo estas líneas y no puedo dejar de sentirme bendecida y muy agradecida. Agradecida por el maravilloso papá que tengo, que hasta el día de hoy me hace sentir segura de quien soy y cómo ando por la vida; y por el tremendo papá que les conseguí a mis hijos - sí yo se los conseguí ;).
¡Feliz día a mis neuro papás y a todos los papás!

lunes, 5 de junio de 2017

¿Cómo criar hijos exitosos?

La eterna pregunta de las neuro-madres (y neuro-padres también). ¿Cómo hago para que mi hij@ sea un adulto feliz, próspero, exitoso? ¿Cómo hago para que mi hij@ desarrolle al 100% sus capacidades? ¿Cómo alimento su potencial, su deseo de crecer?

Y es que, hoy por hoy – creo yo – es esto lo que entendemos por éxito: personas felices, desarrollándose plenamente en el camino de vida que han elegido, sabiendo enfrentar satisfactoriamente las dificultades que la vida presenta. Y, creo que no me equivoco cuando digo que todas las madres y padres queremos eso para nuestr@s hij@s.

Pero, ¿cómo lo logramos? ¿Cómo conseguimos criar hijos exitosos que se conviertan en adultos felices e íntegros? ¿Hay una fórmula del éxito? Si es así, ¿cuál es? Esta neuro-madre se ha dedicado los últimos 7 años a intentar develar el misterio en la práctica, y los últimos 2 meses en la teoría y les digo que no existe una única fórmula del éxito (lo cual es muy bueno, créanme); sin embargo, sí hay muchos comportamientos que las madres de hijos exitosos tienen en común, y esta neuro-madre, se los trae acá luego de conversar con varias de ellas y leer los siguientes libros The Battle Hymn of the Tiger Mother (Amy Chua) y Positive Pushing: How to raise a succeful child (James Taylor).

Primero, las conversaciones. Mi tía, madre de 3 hombres. Tres adultos felices, trabajadores y responsables. Dos de ellos con hermosas familias a las que se dedican full, y ahora uno de ellos, se va a Harvard (para mí eso, es un éxito). Y ojo, acá no quiero decir que no hayan tenido uno que otro tropezón en la vida, porque claro que los tuvieron y algunos muy grandes. Pero, lo importante es que salieron adelante con empeño y entusiasmo.

También, mi cuñada. Sus tres hijos (2 hombres, 1 mujer) se graduaron de los primeros puestos en el colegio y ahora, universitarios continúan entre los primeros puestos. No sólo eso, sino también son chicos muy nobles y respetuosos, deportistas y amigueros. Ella cuenta – al igual que mi tía -  que siempre estuvo (y sigue – me consta) “atrás” de sus hijos. Les dio organización y estructura con límites claros y firmes. Ahora que ya tienen más de 18 años, mi cuñada sigue apoyándolos en lo que necesiten.  



Finalmente, conversé con mi amiga Damarita que tiene hijas más o menos de las edades de los míos y que son niñas súper destacadas: excelentes notas, buenas deportistas, tocan como maestras sus instrumentos y son súper educadas. Como ella misma lo dice: “Les enseño a tener sus metas claras, ser persistentes, organizadas.” Las niñas tienen una rutina creada y ella es muy disciplinada con los horarios. Y ahora, las niñas cumplen sus rutinas y tareas prácticamente sin supervisión.



También conversé con mi hermana Daniela, mi amiga Gigi (me contó los secretos de su madre), mi mamá, la esposa de mi primo y varias personas más. Y volví a leer los libros, y los comentarios y críticas a los mismos. 

Y esto es lo que he encontrado:   
·         Todas las mamás coinciden en “estar ahí”, “estar encima” o “estar pendiente” de todo lo relacionado a sus hij@s, sobre todo los primeros años de vida.
·         Están muy pendientes de lo académico y también de lo emocional.
·         Hacen un acompañamiento, seguimiento y control de las actividades que realizan sus hijos.  
·         Son organizadas, disciplinadas y estrictas. Los horarios se cumplen, las actividades se hacen, las tareas se terminan.  
·         También saben cuándo ser flexibles.
·         Alientan y “empujan” a l@s chic@s a lograr sus objetivos y buscar objetivos más grandes. No se rinden con ellos, no “tiran la toalla” con sus hijos.
·         Son incansables. No se cansan de estar “siempre ahí, siempre pendientes”, no se cansan de llevar, recoger y animar a l@s nin@s en el sinfín de actividades que tienen.
·         Procuran dar un ambiente de estabilidad emocional y tranquilidad en casa.

Por último, ambos libros coinciden con estos hallazgos y dan otros particulares, pero que no caben precisamente por lo particulares que son.

Esto fue lo que encontré, prometo investigar más al respecto y traerles LA biblia. Aunque, como ya lo dije líneas arriba no hay una fórmula mágica y única, pero sí creo que estas conductas generales nos pueden ayudar a criar hijos exitosos y felices. Y no está de más considerarlas ¿no?